La noticia cayó como un mazazo para los seguidores del Real Madrid y, sobre todo, para el fútbol brasileño: Éder Militão, uno de los centrales de mayor proyección y jerarquía en la última década, no estará en el Mundial 2026. Lo que en verano se vislumbraba como una temporada de consolidación terminó convertido en un auténtico calvario físico que ha condicionado su 2025-26 y derivó en la decisión más dolorosa: pasar por el quirófano para reparar el bíceps femoral y afrontar cuatro meses de baja.
Para el lector dominicano, que sigue con interés tanto la Liga española como los grandes torneos internacionales, la historia de Militão tiene ecos preocupantes. No es una simple lesión aislada: la campaña del brasileño ha estado marcada por una sucesión de problemas musculares –dos lesiones importantes más un desgarro fibrilar– que suman 247 días fuera de los terrenos de juego y 27 compromisos perdidos. Más allá de cifras, la sensación es clara: un pilar defensivo que pasó más tiempo en la enfermería que bajo la camiseta blanca.
El dilema que enfrentó Militão fue duro y muy real. Sobre la mesa estuvieron dos caminos: intentar un tratamiento conservador con la esperanza, incierta, de llegar al Mundial (con riesgo de recaída y de no rendir al 100%), o operarse ahora y garantizar una recuperación estructurada, pero con la renuncia segura al torneo. Eligió la segunda opción. La operación supone un año futbolístico que cambia de prioridad: del sueño mundialista a la recuperación integral y la preparación para la 2026-27.
En el Real Madrid, la situación también obliga a tomar decisiones tácticas y de plantilla. Carlo Ancelotti, siempre pragmático, había dejado claro que no convocaría a jugadores que no lleguen en condiciones físicas óptimas. Con Militão fuera, el club tendrá que gestionar alternativas en el centro de la zaga y reconfigurar la rotación en una temporada que, dado el rendimiento colectivo, ya necesita ajustes. Para el defensor, además, esto es una llamada de atención sobre la necesidad de replantear su preparación física y medidas preventivas para evitar la cronicidad de estas lesiones.
Pero el golpe más visible es para Brasil. La ausencia de Militão deja a la Verdeamarela sin uno de sus centrales de “élite” y desplaza todo el peso defensivo hacia la dupla que asoma como titular: Gabriel Magalhães y Marquinhos. Ambos deberán asumir una responsabilidad enorme en un Mundial donde la solidez atrás suele marcar la diferencia entre avanzar o quedar eliminados temprano. La baja del central del Madrid también abre debates sobre la profundidad de la zaga brasileña y la necesidad de alternativas con experiencia en torneos grandes.
Para el aficionado dominicano, que suele prestar atención a cómo los grandes clubes europeos influyen en la configuración de las selecciones nacionales, el caso de Militão es un recordatorio de la fina línea entre la excelencia y la fragilidad física. Su recuperación será observada con lupa: volver en plenitud no solo es vital para sus opciones en el Real Madrid, sino también para cualquier aspiración futura con Brasil.
En definitiva, la decisión de operarse revela responsabilidad profesional —apostar por la salud a largo plazo—, pero deja al fútbol internacional sin uno de sus defensores más atractivos en perspectivas. Ahora queda esperar que la rehabilitación sea exitosa y que Militão regrese más sólido, evitando que su historial de lesiones marque el resto de su carrera.