Un gigante en caída libre
La derrota 2-0 ante Lanús marcó otro capítulo negro en la actualidad de Independiente. El equipo de Avellaneda acumula una racha negativa que amenaza con igualar su peor registro histórico, aquel que fue preludio del descenso en 2013. Aquel elenco que enamoró por su fútbol en el primer semestre parece un recuerdo lejano, y los hinchas, que alguna vez soñaron con una vuelta olímpica, hoy observan con angustia un presente sin respuestas.
Durante el Apertura, el conjunto dirigido por Julio Vaccari había logrado consolidar una identidad: posesión, presión alta y un ataque dinámico que lo llevó a pelear entre los primeros puestos. Jugadores como Kevin Lomónaco, Felipe Loyola, Luciano Cabral y Álvaro Angulo fueron piezas claves de un equipo que generaba respeto. Pero todo se desmoronó con el paso de los meses.
Del aplauso al desconcierto total
En aquel entonces, incluso tras la eliminación en semifinales frente a Huracán, el público despidió a los jugadores entre aplausos en el Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini. Hoy, esa comunión se desvaneció. El Rojo apenas ganó un solo partido en lo que va del segundo semestre —2-1 ante Gimnasia de Mendoza por Copa Argentina— y desde entonces acumula siete empates y siete derrotas en todas las competencias.
La explicación no parece sencilla. Los mismos futbolistas que brillaron hace unos meses siguen vistiendo la camiseta, pero su nivel cayó abruptamente. El cambio de entrenador, con la llegada de Gustavo Quinteros, tampoco logró revertir la tendencia. Pese a algunas mejoras puntuales —como en los duelos ante Racing y Godoy Cruz—, el equipo sigue sin convertir. “Fallamos hasta con el arco vacío”, lamentó Leandro Desábato, ayudante técnico, tras la caída ante Lanús.
Refuerzos que no rindieron y un club en llamas
Ni siquiera las incorporaciones pudieron aportar soluciones. Ignacio Pussetto, Walter Mazzantti y Matías Abaldo llegaron como apuestas ofensivas, pero ninguno logró afianzarse. El déficit en la definición se volvió una marca registrada en este Independiente que parece haber perdido la confianza y la claridad en los metros finales.
A los problemas futbolísticos se suma una tensión institucional cada vez más visible. En los últimos días, socios y simpatizantes se manifestaron en las puertas del club para rechazar el cambio de marca de indumentaria, de Puma a una firma nacional. Aunque la dirigencia logró imponer la medida, el malestar de los hinchas volvió a encender las alarmas sobre la gestión actual.
El sueño internacional, cada vez más lejano
El panorama deportivo también es desalentador. Tras la eliminación en la Copa Sudamericana por los incidentes frente a Universidad de Chile, el Rojo quedó prácticamente sin chances de volver a competir a nivel internacional. Con 35 puntos en el año y un partido pendiente ante Platense, se encuentra a ocho unidades de la zona de clasificación a la Sudamericana. Si bien las matemáticas aún lo sostienen, la realidad indica que la remontada se presenta casi imposible.
La última esperanza en San Juan
Independiente necesita un triunfo urgente para frenar la hemorragia. Es el único equipo que no ganó en el Clausura, y el clima futbolístico y emocional no soporta otro golpe. Gustavo Quinteros deberá trabajar a contrarreloj para intentar cambiar la historia el próximo domingo, cuando visite a San Martín de San Juan, que pelea por mantener la categoría.
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