El Toyota Stadium de Dallas fue el escenario de una auténtica batalla táctica y de alta intensidad física. Conscientes de que el empate les bastaba para asegurar el boleto, Japón plantó un planteamiento defensivo impecable frente a una Suecia que buscó con desesperación la victoria para no armar las maletas temprano.

Tras una primera mitad sumamente igualada y con pocas fisuras, la escuadra nipona rompió el molde al minuto 55. En una transición rápida marca de la casa, el veloz atacante del Celtic, Daizen Maeda, sacó una definición excelsa para batir las redes escandinavas y poner el 1-0 que hacía soñar a todo el continente asiático.

Reacción escandinava y resistencia samurai

La alegría de los dirigidos por Hajime Moriyasu duró muy poco ante el orgullo de la Blågult. Solo minutos después del gol japonés, Suecia adelantó líneas con agresividad y encontró el empate definitivo gracias a una soberbia aparición del extremo del Nottingham Forest, Anthony Elanga, quien devolvió la paridad y le inyectó drama absoluto al cierre del partido.

Los últimos quince minutos se jugaron con las pulsaciones a mil. Con Suecia volcada por completo al ataque enviando balones aéreos, el combinado japonés supo abroquelarse en el fondo con una solidez conmovedora, despejando cada peligro en su área para congelar las embestidas europeas y amarrar el punto de la inmortalidad.

Cita con la historia: El gigante brasileño en el horizonte

Con el pitazo final, Suecia quedó oficialmente eliminada del torneo, mientras que Japón celebró con euforia su pase a la ronda de los dieciseisavos de final como dueños absolutos del segundo lugar del Grupo F.

Sin embargo, las celebraciones niponas tendrán que ser breves, ya que el verdadero desafío de fuego está por comenzar. Al haber quedado en el segundo escalón de su zona, los “Samuráis Azules” han quedado emparejados en la llave de octavos contra la temible y siempre favorita Selección de Brasil, un duelo de David contra Goliat que paralizará al planeta fútbol.