En un país donde el debate migratorio quema más que el sol de mediodía, hay un hombre que está obligando a todo el mundo a mirar hacia el césped y no hacia el pasaporte. Se trata de Junior Scheldeur, el estratega nacido en Mirebalais que no solo dirige al Cibao FC, sino que lo ha convertido en una máquina de ganar que no cree en nombres ni en nacionalidades.
Mientras muchos se pierden en la polémica, Scheldeur está escribiendo la página más gloriosa del fútbol moderno en Santiago. Pero no se equivoquen, su camino no ha sido un “paseo por el Monumento”. El técnico haitiano ha tenido que navegar por aguas turbulentas para demostrar que en el fútbol, el único lenguaje que se habla es el de los goles y la estrategia.
De jugar descalzo en la lluvia a frenar a las Chivas de Guadalajara
La historia de Junior parece sacada de una película de superación viral. “Lo más lindo era jugar en la calle cuando llovía… todo el mundo jugaba descalzo”, recuerda con una nostalgia que contrasta con su realidad actual: ser el verdugo de los gigantes de la Concacaf.
Bajo su mando, el equipo naranja logró algo que parecía una locura para el fútbol dominicano: un empate histórico contra las poderosas Chivas de Guadalajara. Aunque luego cayeron en México, el mensaje quedó claro: con un haitiano en el banquillo, el Cibao no le tiene miedo a nadie. Scheldeur ha mantenido la hegemonía que el club trae desde 2021, demostrando que su llegada en 2024 no fue suerte, sino una “maestría” en liderazgo.
“Ser haitiano en este puesto parece imposible”
Aquí es donde la nota se pone picante. Junior es totalmente consciente del ruido que genera su posición. En un país donde el 70% de los trabajadores migrantes haitianos están en la construcción o la agricultura, ver a uno de ellos en la cima de la pirámide deportiva es, cuanto menos, disruptivo.
“Venir de fuera, de Haití, y tener un puesto tan grande en este país… desde fuera se ve como algo casi imposible”, confiesa sin filtros. Sin embargo, su respuesta a la desigualdad es contundente: dentro de su vestuario, la nacionalidad se queda en la puerta. Su éxito es una bofetada con guante de seda a quienes piensan que el talento haitiano solo sirve para las piernas y no para la cabeza.
El drama familiar detrás del éxito: Cuatro años sin ver a sus padres
Pero no todo es color naranja. Detrás de los trofeos y la fama, hay un drama humano que toca la fibra más sensible. Mientras Junior celebra victorias en la LDF, sus padres viven desplazados en Haití tras ser atacados por bandas criminales en su pueblo natal.
Lo más fuerte: el técnico lleva cuatro años sin poder abrazarlos debido a los constantes cierres de la frontera. “Intento manejarlo”, dice con una resiliencia que explica por qué sus jugadores darían la vida por él en la cancha.
Junior Scheldeur no es solo un entrenador; es el recordatorio viviente de que el éxito no tiene fronteras. Mientras el Cibao FC siga ganando bajo su mando, la única pregunta que importa en Santiago es: ¿Quién podrá detener al estratega que lo dejó todo para conquistar el fútbol dominicano?