River Plate quedó afuera de la Copa Libertadores tras perder 3-1 ante Palmeiras en la vuelta de los cuartos de final (5-2 en el global). El resultado no sólo sentenció la serie: puso un foco implacable sobre una fragilidad recurrente que viene acompañando al equipo en lo que va del año: los goles recibidos por pelota parada. La derrota en el Allianz Parque fue la consecuencia más visible de un problema que los números confirman y los informes tácticos describen con crudeza.
River comenzó ilusionando en Brasil con el gol de Maximiliano Salas (de cabeza) a los 8 minutos, pero Palmeiras llevó la iniciativa en la segunda mitad: Vítor Roque empató a los 51′ y José Manuel López selló la clasificación con un penal y un remate en tiempo de descuento que cerró la serie. En la jugada del empate y en otras situaciones la lectura local y la ejecución rival aprovecharon desconcentraciones y fallas en la marca.

No es una sensación aislada: los medios especializados que siguen a River vienen contabilizando la problemática. En lo que va de 2025, según un rastreo periodístico de partidos y reportes, de los 26 goles que le hicieron a River en el año, 8 llegaron por pelota parada (4 de córner y 4 de tiro libre), es decir casi un tercio del total. Esa estadística ubica a la fase fija como un factor determinante en la cuenta final de goles encajados. Además, en el último mes el equipo sufrió con esa vía: 4 goles desde córners en 7 partidos, una racha que terminó siendo un factor tangible en la preparación y en la lectura del entrenador. Los reportes de los partidos más recientes (ante Estudiantes, Atlético Tucumán y en la serie con Palmeiras) describen centros con ventajas en el primer o segundo palo y pérdida de referencias en marcas zonales/individuales.
No es sólo un problema de un defensor puntual —es un déficit de concentración colectiva y de mecanismos defensivos en las jugadas a balón detenido: asignación de marcas, señalización en los cambios de referencia y cobertura de zonas críticas. Los crónicos del club muestran jugadas donde la marca “se solapa” (choques entre defensores), pérdidas de referencia en el primer palo y rebotes no controlados. El claro ejemplo son el primer gol de Gómez en el Monumental y por la misma vía Roque en la noche de ayer.
Los centrales y la segunda línea son los más expuestos —los desajustes suelen aparecer cuando el bloque defensivo no sincroniza la salida a despejar o cuando el mediocampo no asume responsabilidades para despejar la segunda jugada. En las narraciones del partido ante Palmeiras se menciona una mala defensa de la jugada de pelota parada que terminó derivando en la igualdad; errores como choque entre hombres en zona de peligro o rebotes controlables que terminan convirtiéndose en asistencias.

Por eso, aunque las crónicas señalan nombres en jugadas puntuales (choques entre jugadores en el área, distracciones de marcas), el diagnóstico más sólido es colectivo: la estructura y los protocolos defensivos en las pelotas detenidas se han relajado o han perdido eficacia. El propio Gallardo lo reconoció públicamente: habló de falta de “atención” y de la necesidad de un “enfoque mental absoluto” para defender esta faceta.
Los goles en el último mes llegaron por la pelota parada
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Palmeiras (vuelta, 24/9/2025): en la segunda mitad la capacidad de reacción del rival y cierta descoordinación defensiva local ayudaron a que la serie se diera vuelta; además, el penal y el disparo final mostraron que River, más allá de la pelota parada, falló en el control de las segundas jugadas y en la contención.
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Estudiantes / Atlético Tucumán: crónicas y compendios de goles muestran que varios de los tantos encajados llegaron desde córner o tiros libres (envíos al primer palo, centros al área y tiros jugados en corto que terminaron con centros al área). Estas combinaciones tácticas rivales han resultado efectivas contra River.

La lectura histórica completa de Marcelo Gallardo en River es mucho más amplia y positiva (títulos, rachas y un proyecto futbolístico claro). Pero los números puntualizan dos cosas que deben leerse en conjunto, Gallardo consolidó una identidad ofensiva y obtuvó trofeos internacionales; su ciclo acumuló estadísticas favorables en muchos rubros. (Club y estadísticas oficiales lo resaltan). En 2025 la incidencia de goles por pelota parada se disparó y terminó siendo determinante en eliminaciones y en resultados cerrados. Esa vulnerabilidad, cuando aparece de forma repetida, erosiona la competitividad en instancias definitorias (como la Libertadores).
La eliminación ante Palmeiras no es sólo el relato de una serie: es la confirmación pública de una enfermedad que, por ahora, mata por goteo. En 2025 la pelota parada le cobró a River una porción significativa de los goles recibidos —casi un tercio, según el recuento periodístico— y esa factura terminó siendo letal en la Copa. Marcelo Gallardo ha demostrado en el pasado capacidad para corregir cursos y rearmar equipos; ahora la urgencia es práctica, precisa y concreta: reconstruir los protocolos defensivos y recuperar la atención colectiva en las jugadas a balón detenido. Si lo consigue, River seguirá siendo candidato; si no, el saldo de goles de pelota parada seguirá hablando más alto que los cánticos del Monumental.
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