En medio de la exigencia permanente que implica dirigir a River, hay un frente que para Gallardo dejó de ser accesorio y pasó a convertirse en una cuestión sensible: la Copa Argentina. El certamen que supo conquistar en tres oportunidades hoy aparece como el terreno donde el margen de error es mínimo y la paciencia, escasa. Este martes, el equipo iniciará su 14ª participación en el torneo cuando enfrente a Ciudad de Bolívar en Villa Mercedes. El dato duro es alentador: River casi siempre arranca con el pie derecho. El contexto, en cambio, invita a una lectura más profunda.
UN HISTORIAL CASI IMPECABLE EN LOS DEBUTS
Si se analizan los comienzos del Millonario en la Copa Argentina, los números hablan por sí solos. De 13 estrenos previos, superó 12. La única caída en esa instancia fue en 2013, cuando perdió 1-0 ante Estudiantes de Buenos Aires. Desde entonces, cada debut fue resuelto con autoridad o, en el peor de los casos, con sufrimiento controlado.

En 12 oportunidades logró la clasificación dentro de los 90 minutos. Solo una vez necesitó la definición por penales en su primer compromiso (ante Ferro en la edición 2013/14). Incluso, en los últimos años, las diferencias fueron categóricas: goleadas, actuaciones sólidas y sin sobresaltos ante rivales de categorías inferiores. El antecedente inmediato refuerza esa tendencia: en 2025, River inició su camino justamente ante Ciudad de Bolívar y lo resolvió con un 2-0 sin fisuras. La historia parece repetirse, aunque el contexto nunca es idéntico.
UNA COPA QUE YA NO ES PRIORIDAD, PERO SÍ OBLIGACIÓN
River levantó el trofeo en 2016, 2017 y 2019. Desde entonces, el título le fue esquivo. Alcanzó semifinales en 2012, 2018 y 2025; cuartos de final en 2014 y 2022; y quedó eliminado en fases más tempranas en otras ediciones.

El problema no es estadístico, sino simbólico. En un club donde cada competencia es tomada como prioridad, no ganar la Copa Argentina durante varios años empieza a pesar. Más aún cuando se trata de un torneo que ofrece clasificación directa a competencias internacionales y que, en teoría, enfrenta a River con rivales de menor jerarquía en sus primeras rondas. La lógica indica que el Millonario debería avanzar sin mayores complicaciones. La experiencia reciente demuestra que la Copa no siempre respeta la lógica.
LA PEDRERA, ENTRE BUENOS RECUERDOS Y UNA HERIDA ABIERTA
El escenario también aporta matices. River regresa al Estadio La Pedrera, en San Luis, donde ya disputó tres encuentros. En competencias oficiales, los antecedentes son positivos: en 2019 eliminó por penales a Gimnasia de Mendoza y en 2022 goleó 3-0 a Barracas Central.
Sin embargo, el último recuerdo en ese estadio es amargo. En diciembre de 2022, en un amistoso que marcó el estreno de Martín Demichelis como entrenador, Matías Kranevitter sufrió una grave lesión que lo marginó durante meses. Aquella noche dejó una marca que excedió lo deportivo. La Pedrera, entonces, no es un simple estadio más en el mapa federal de River. Es un escenario con historia reciente, luces y sombras incluidas.
EL DATO QUE OBLIGA A NO CONFIARSE
- 12 clasificaciones en 13 estrenos.
- 12 victorias en tiempo reglamentario.
- Una sola eliminación en la primera presentación.
- Varias goleadas amplias ante equipos del ascenso.
Pero en torneos de eliminación directa, el pasado no garantiza el futuro. La Copa Argentina se construyó sobre sorpresas y batacazos. Y cuando el favorito duda, el margen se reduce. Gallardo conoce el terreno. Sabe que el debut no define el título, pero sí puede condicionar el ánimo de todo el semestre.
Más allá de la categoría de Ciudad de Bolívar, el foco no estará en el oponente sino en la respuesta de River. La Copa Argentina expone virtudes y debilidades sin anestesia: un mal partido puede borrar meses de planificación. Para Gallardo, este torneo dejó de ser una plataforma cómoda. Se transformó en el último frente local donde necesita recuperar autoridad sostenida. El historial respalda la confianza; el presente exige prudencia.
River tiene tradición, estadísticas favorables y experiencia de sobra para iniciar con firmeza su camino en la Copa Argentina. Pero el desafío ya no es solo avanzar de ronda. Es volver a mostrar contundencia en un certamen que supo dominar y que hoy le plantea preguntas incómodas. El debut ante Ciudad de Bolívar será, más que un trámite, una declaración de intenciones. Porque en Núñez, incluso cuando los números acompañan, la exigencia nunca se negocia.
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