El fútbol en la República Dominicana se encuentra en pleno proceso de crecimiento, impulsado por una afición emergente que sueña con ver al país instalado en la élite de la Concacaf. Sin embargo, al revisar los tableros internacionales, queda en evidencia una realidad agridulce: el talento de origen dominicano ha existido desde hace años, solo que la falta de infraestructuras locales y los despistes históricos de las oficinas obligaron a que muchas joyas de nuestra sangre terminaran brillando con uniformes extranjeros.
A raíz de un encendido debate en las redes sociales sobre los futbolistas de ascendencia criolla que pudieron haber cambiado el destino de la selección nacional, repasamos los cinco casos más emblemáticos de atletas que, de haber vestido la camiseta tricolor, nos habrían colocado en el mapa de las potencias regionales.
El Tridente que prefirió la gloria en Europa
Rubén Varga: El habilidoso extremo es hijo de padre dominicano y madre suiza. A pesar de que en diversos círculos nunca se escondió el interés por explorar una vinculación con la República Dominicana, las múltiples versiones apuntan a que jamás existió un acercamiento formal ni serio por parte de los directivos locales. Ante el vacío institucional, Vargas terminó consolidándose en la selección absoluta de Suiza tras registrar temporadas de alto impacto en la Bundesliga de Alemania.
Alejandro Balde: Titular indiscutible y pieza angular en el esquema del FC Barcelona, Balde siempre ha manifestado orgullo por sus raíces dominicanas. No obstante, al formarse y explotar en una de las canteras más exigentes de España, el llamado de la Real Federación Española de Fútbol era un paso inevitable en su carrera, terminando por defender de manera oficial los colores de “La Roja”.
Raúl Tomás: El ariete reconoció públicamente el origen dominicano por la vía de su madre, un lazo que la fanaticada criolla siempre valoró. Sin embargo, el atacante dejó en claro desde sus inicios que su meta profesional estaba ligada exclusivamente a España, logrando transformarse y debutar con la selección europea tras quemar etapas en las divisiones del Real Madrid.
Desatinos federativos y raíces inalcanzables
Kevin Paredes (El caso más polémico): Considerado por los analistas como un verdadero “delito” de gestión deportiva. Allegados al jugador confirman que existió un interés real y genuino desde el entorno de Paredes para integrarse a los procesos de las selecciones juveniles dominicanas en sus inicios. Insólitamente, desde las oficinas de la federación de ese entonces se le comunicó que “no tenía el nivel” requerido para una convocatoria. Hoy en día, Paredes milita en la exigente Bundesliga de Europa con el Wolfsburgo y es una pieza recurrente en la selección absoluta de los Estados Unidos.
Lucas Jaquez: Un caso de desarrollo natural europeo. Nacido en Suiza y cobijado por la ascendencia de su madre dominicana, Jaquez cumplió con todo el proceso formativo de las categorías inferiores dentro del sistema helvético, perfilándose desde temprano como un proyecto exclusivo para la selección de Suiza debido a los recursos y facilidades de entrenamiento de dicho país.
La voz de la calle: ¿Falta de inversión o simple realidad?
La revelación de estos nombres desató un tsunami de opiniones entre los hinchas en las plataformas digitales. Mientras una facción de la fanaticada lamenta el trato otorgado a figuras como Kevin Paredes, los seguidores más apegados a la realidad del negocio insisten en que “el que nunca vino, no hizo falta”. Muchos aficionados recuerdan que para competir en el fútbol internacional no basta con acumular individualidades de primer nivel (citando el ejemplo de Jamaica en el Caribe), sino que se requiere estructurar una base sólida de entrenamientos y procesos de visorías profesionales.
De igual forma, los panelistas recordaron que en este listado faltaron nombres históricos de la talla de Junior Firpo o el propio delantero Mariano Díaz, insistiendo en que el verdadero avance del fútbol dominicano no vendrá de “rogarle” a atletas nacidos y formados en el extranjero, sino de volcar los recursos económicos hacia las canteras locales del patio, tal y como lo hicieron en su momento las Reinas del Caribe en el voleibol. El talento natural está en las calles; ahora toca aprender a dirigir el barco.