El debate sobre cuál ha sido la dinastía más imponente en la historia del balompié africano ha quedado oficialmente clausurado en los despachos de la FIFA. Con su categórica e inapelable victoria por 3-0 sobre la Selección de Canadá en los octavos de final de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, la Selección de Marruecos ha destruido los viejos paradigmas del continente, estableciendo un estatus de regularidad y dominio que jamás se había visto en el ecosistema del deporte rey.

Durante décadas, el fútbol de África regaló destellos de un romanticismo puro pero efímero, como la vibrante travesía de la Camerún de Roger Milla en Italia 1990 o la mítica presentación de Ghana en Sudáfrica 2010, aquella escuadra que se quedó a las puertas de las semifinales tras la recordada y dramática mano de Luis Suárez sobre la línea de cal. Sin embargo, todas aquellas leyendas del pasado adolecieron de una misma debilidad estructural: la falta de constancia y la incapacidad para sostener el rendimiento óptimo a lo largo del tiempo. Marruecos ha roto definitivamente esa maldición. Al meterse entre los ocho mejores del planeta en dos ediciones mundialistas consecutivas, los dirigidos interinamente en el proceso por Mohamed Ouahbi han igualado el número de victorias en fases de eliminación directa de todo el resto de las naciones africanas combinadas en la historia de la competición.

Eficiencia quirúrgica y el récord de asistencias de Brahim Díaz

El triunfo definitivo ante los coanfitriones norteamericanos sirvió además como una clase magistral de pragmatismo táctico y frialdad mental. Frente al empuje inicial de los canadienses, el combinado magrebí no necesitó monopolizar la posesión del esférico ni desgastarse en posesiones estériles. Las planillas estadísticas oficiales de la FIFA desvelaron una métrica de locura: Marruecos facturó sus 3 anotaciones ensayando apenas 5 disparos totales durante los 90 minutos, instaurando un récord absoluto de efectividad para un equipo ganador en toda la historia de las rondas de eliminación directa de la Copa del Mundo.

La gran brújula de este engranaje de vanguardia tiene nombre y apellido. El mediapunta del Real Madrid, Brahim Díaz, grabó su nombre con letras de oro en los libros de la FIFA al alcanzar la cifra de 4 asistencias en lo que va de la justa de 2026, fijando el récord histórico para un futbolista africano en un solo Mundial. Bajo la capitanía granítica de Achraf Hakimi y la pegada oportuna de Azzedine Ounahi, el cuadro de los “Leones del Atlas” ha transformado el repliegue defensivo y las transiciones verticales a un toque en una auténtica obra de arte de la pizarra moderna.

Un proyecto de Estado con un invicto de 34 partidos

La supremacía marroquí que asombra a las supercomputadoras no es un producto del azar ni del talento silvestre; es el resultado colosal de una planificación a largo plazo impulsada por el monarca Mohammed VI. Con una inversión estatal que superó los 65 millones de dólares para la edificación de academias de captación y complejos de entrenamiento de última tecnología, Marruecos no solo blindó su cantera local, sino que estructuró una red de reclutamiento profesional para repatriar a los talentos de la diáspora nacidos en Europa.

Antes de asaltar los octavos de final en Norteamérica, este bloque ya venía de devorarse el continente al conquistar la Copa Africana de Naciones a principios de este año, colgarse medallas en los Juegos Olímpicos de París 2024 y mandar en las categorías juveniles. Su espectacular racha de 34 partidos consecutivos invictos en todas las competencias oficiales es el testimonio viviente de un gigante que ha fijado un nuevo estándar de profesionalismo. El búnker del norte de África ya viaja con destino a la siguiente ronda de los Cuartos de Final, donde escenificarán una brutal revancha ante la Selección de Francia de Kylian Mbappé, en un choque de colosos donde Marruecos pretende demostrar que su corona imperial está lista para reclamar el cetro del planeta entero.