El fin de la maldición del “quinto partido”. La noche del martes 30 de junio de 2026 quedará grabada con letras de oro en los libros del balompié azteca. Tras una hora de retraso por una imponente tormenta eléctrica, más de 80,000 almas hicieron vibrar el imponente Estadio Ciudad de México (Azteca) para atestiguar un auténtico exorcismo futbolístico: la Selección de México derrotó por 2-0 a Ecuador, sellando su boleto a los octavos de final y ganando su primer partido de eliminación directa en una Copa del Mundo desde 1986.

La escuadra coanfitriona, comandada por la experiencia de Javier “El Vasco” Aguirre—quien curiosamente formó parte como jugador de aquella mítica plantilla del 86—, aprovechó la localía y la altitud para triturar una barrera psicológica que arrastraba siete fracasos consecutivos en segundas rondas y una dolorosa eliminación en fase de grupos en la pasada edición de 2022.

Pegada de oro y récord histórico para Raúl Jiménez

El vendaval mexicano no tardó en asfixiar la retaguardia de una escuadra meridional que lució totalmente desordenada en el fondo. Al minuto 22, Roberto “El Piojo” Alvarado frotó la lámpara y filtró un pase quirúrgico en contragolpe para habilitar a Julián Quiñones; el letal artillero de la liga árabe ingresó con potencia y sacó un misil de pierna derecha por encima del guardameta Hernán Galíndez para decretar el 1-0 definitivo que hizo estallar el graderío.

La estocada final llegó apenas nueve minutos después. Al minuto 31, tras un pésimo rechace defensivo de la zaga ecuatoriana, el ariete Raúl Jiménez recuperó la esférica, tejió una soberbia triangulación en el corazón del área con Quiñones y la mandó a guardar al fondo de las mallas para el 2-0. Este tanto no solo sepultó las aspiraciones de La Tri, sino que elevó a Jiménez al Olimpo azteca: alcanzó los 47 goles con la camiseta nacional, superando los 46 de Jared Borgetti para erigirse en solitario como el segundo máximo goleador histórico de la Selección Mexicana.

Polémica por el VAR y la renuncia de Beccacece

En el complemento, Ecuador intentó reaccionar bombardeando el área local con centros aéreos, pero se estrellaron ante la muralla del arquero Raúl Rangel. La frustración sudamericana estalló al minuto 94, cuando el defensor Piero Hincapié vio la tarjeta roja directa luego de que el árbitro esloveno Slavko Vinčić consultara el VAR y aplicara la estricta nueva norma de la FIFA, la cual castiga severamente a los jugadores que se tapen la boca con la intención de proferir insultos o lenguaje ofensivo al rival en medio de una discusión caldeada.

Tras el silbatazo final, y en medio de una vuelta olímpica mexicana al ritmo de “El Rey”, el director técnico de Ecuador, Sebastián Beccacece, compareció ante los medios para hacer oficial el fin de su ciclo al frente de la selección sudamericana. “No tengo reproches, solo agradecimiento. Fuimos muy superados en el primer tiempo. No pudimos lograr nuestro objetivo de realizar nuestro mejor mundial” confesó el timonel argentino, cuya previa estuvo salpicada por amargas quejas sobre la logística de los viajes y la serenata nocturna que les brindó la afición local.

El camino rumbo a los cuartos de final

Con la valla invicta y el boleto en mano, la Selección de México se mantendrá en su búnker de la capital a la expectativa de lo que suceda hoy miércoles en Atlanta, donde las selecciones de Inglaterra y la República Democrática del Congo definirán al próximo rival del Tri. El esperado choque de octavos de final está programado para disputarse el próximo domingo 5 de julio en la Ciudad de México, donde el combinado azteca buscará igualar la máxima gesta de su historia: alcanzar los cuartos de final.