Luka Modrić afronta su segunda temporada con el Milan convencido de que todavía tiene mucho que aportar. A sus 40 años, el centrocampista croata decidió continuar en Italia después de una primera campaña que terminó marcada por la frustración de quedarse fuera de la Champions League, pero también por una conexión con el club y sus aficionados que terminó siendo determinante.

La decisión no fue automática. Modrić explicó que necesitaba comprobar primero cómo respondía su cuerpo y si mantenía intacta la motivación que lo ha acompañado durante toda su carrera. Aunque podía haber renovado incluso desde diciembre, prefirió esperar y analizar sus sensaciones antes de comprometerse nuevamente.

El Milan terminó siendo quien despejó sus dudas.

El futbolista destacó especialmente el interés mostrado por la institución en incorporarlo al nuevo proyecto dirigido por Rúben Amorim. Después de conversarlo con su familia, decidió quedarse. La elección refleja que, para Modrić, la continuidad no responde únicamente a una cuestión deportiva, sino también al vínculo que desarrolló con el club durante su primer año.

“Soy muy competitivo”, afirmó Modrić al explicar por qué la edad no representa para él un obstáculo.

Y precisamente ahí reside uno de los grandes interrogantes de esta nueva temporada. Modrić ya no es el jugador que durante más de una década dominó el centro del campo del Real Madrid, pero su experiencia continúa representando un recurso de enorme valor para un equipo que pretende reconstruirse y recuperar protagonismo.

De la frustración a una nueva oportunidad

El croata reconoció que la temporada anterior terminó con una sensación amarga. El Milan llegó a marzo todavía involucrado en la pelea por el campeonato, pero posteriormente perdió terreno y terminó sin conseguir la clasificación para la Champions League.

A nivel personal, la lesión también tuvo un peso importante. Modrić consideró especialmente frustrante no haber podido ayudar al equipo durante una etapa en la que sentía que estaba contribuyendo de manera significativa.

Sin embargo, no todo fueron aspectos negativos. El mediocampista resaltó el ambiente dentro del vestuario, el respeto entre los jugadores y, sobre todo, la relación que construyó con los aficionados.

Ese vínculo terminó teniendo un peso considerable en su decisión.

Modrić aseguró que sintió el respaldo de los seguidores durante toda la temporada y que ese cariño generó en él el deseo de corresponder dentro del terreno de juego. Es una relación que va más allá del rendimiento individual: el croata parece haber encontrado en San Siro un escenario en el que todavía se siente valorado y competitivo.

Una comparación que habla de la dimensión del Milan

Las declaraciones más llamativas llegaron cuando Modrić comparó al Milan con el club en el que desarrolló la etapa más importante de su carrera.

El croata afirmó que ha jugado en el que considera “el club más grande del mundo”, el Real Madrid, pero añadió que su sensación es que el Milan está al mismo nivel.

La afirmación tiene un significado especial viniendo de un futbolista que pasó 13 temporadas en Madrid y ganó prácticamente todo lo que un jugador puede aspirar a conquistar, incluyendo múltiples Champions League y el Balón de Oro.

Pero Modrić no parece estar haciendo una comparación estrictamente deportiva. Su argumento está relacionado con la historia, la identidad y la dimensión institucional del Milan.

Para él, existe una manera particular en la que se habla del conjunto rossonero y una experiencia diferente cuando se forma parte de él. Esa percepción explica por qué, pese a tener otras opciones, decidió continuar.

El objetivo no es simplemente volver a Europa

La ambición de Modrić también deja claro que no considera suficiente que el Milan vuelva a clasificarse para la Champions League.

El croata sostuvo que la mentalidad de un club de esta dimensión debe ser aspirar a ganar. Esa postura encaja con la responsabilidad que tendrá dentro del nuevo proyecto de Amorim: aportar experiencia, competitividad y liderazgo mientras el equipo busca consolidar una nueva identidad.

Su presencia puede ser particularmente importante para un plantel en el que conviven futbolistas jóvenes con jugadores que todavía necesitan asumir mayores responsabilidades.

Modrić, lejos de sentirse desplazado por esa juventud, asegura que sus compañeros más jóvenes lo hacen sentirse todavía más motivado. Competir con jugadores que tienen prácticamente la mitad de su edad parece funcionar para él como un estímulo y no como un recordatorio de que su carrera se acerca a su final.

La nueva temporada, por tanto, plantea un desafío doble. Para el Milan, se trata de demostrar que puede volver a competir por los objetivos que corresponden a su historia. Para Modrić, significa comprobar que todavía puede ser una pieza relevante en un equipo que pretende volver a la élite europea.

Y si sus propias palabras sirven como declaración de intenciones, el croata no regresó para participar en el proyecto: regresó para intentar ganar.