Históricamente, el Mundial era ese ritual sagrado donde no importaba si tenías mucho o poco en los bolsillos; la pasión nos igualaba a todos. Pero para este 2026, bajo la batuta de Gianni Infantino, la FIFA parece haber cambiado el balón por unacalculadora de alta gama. El enfoque ya no es la emoción, sino la facturación, y eso tiene a los verdaderos “fiebruses” con el grito al cielo.

Un torneo “Premium” que castiga el bolsillo

Ir a un Mundial hoy se parece más a una gala exclusiva que a una fiesta de barrio. Imagínate el drama de un fanático que quiera seguir a su selección: tendrá que brincar entre Estados Unidos, México y Canadá. Solo piensa en el caso de los seguidores de Bosnia (que eliminaron a Italia, por cierto): tendrán que volar de Toronto a Los Ángeles y de ahí a Seattle.

Para un dominicano que sueña con ir, estamos hablando de una fortuna en pasajes, hoteles con precios inflados y boletos que cuestan “un ojo de la cara”. Ya no es ir a ver fútbol; es pagar una membresía VIP para un evento que antes nos pertenecía a todos.

¿Se está perdiendo el significado?

En marketing hay algo llamado “sobreexplotación del capital”. Es cuando una marca se cree tan poderosa que empieza a exprimir al consumidor hasta que este se siente ajeno. La FIFA está estirando la liga con más equipos y más partidos, pero está olvidando el significado del torneo. El Mundial siempre fue transversal y cercano; hoy se siente frío, fragmentado y puramente transaccional.

¿El fin de la gallina de los huevos de oro?

En los colmados y peñas de nuestra media isla, el veredicto es claro: “Están matando el sentimiento”. Es difícil que el negocio se caiga, porque la demanda es enorme, pero una marca no muere cuando deja de vender, sino cuando deja de importar emocionalmente. Si el fanático que construyó la mística del fútbol ya no puede ir al estadio, ¿para quién es el Mundial?

La pregunta es obligatoria: ¿Vale la pena un Mundial de 48 equipos si el aficionado real tiene que verlo por televisión porque no puede pagar el “show”? ¡Cuidado, FIFA, que el amor al arte no se recupera con más patrocinios!