El clásico que ningún otro puede igualar
“Quien crea que hay un derbi más intenso que este, no ha vivido en Glasgow”, advirtió alguna vez Sir Alex Ferguson. El mítico entrenador del Manchester United no hablaba de Boca-River ni de Real Madrid-Barcelona: se refería al Old Firm, la histórica rivalidad entre Celtic y Rangers que paraliza a Escocia desde finales del siglo XIX. Este domingo se disputará el clásico número 445, un duelo que supera lo deportivo y que condensa diferencias religiosas, políticas y sociales.
Orígenes opuestos, destinos cruzados
Los Rangers nacieron en 1872, fundados por un grupo de jóvenes que nada tenían que ver con la política, pero que terminaron siendo emblema de los sectores protestantes, unionistas y monárquicos de la ciudad. El Celtic, en cambio, apareció en 1887 de la mano del hermano Walfrid, un religioso irlandés que buscaba ayudar a la comunidad católica inmigrante y marginada. Desde entonces, cada club se convirtió en el espejo opuesto del otro: uno identificado con la élite, el otro con las clases trabajadoras y el independentismo.
La primera chispa de la rivalidad
El 28 de mayo de 1887, en lo que debía ser un amistoso inaugural, el Celtic venció 5-2 a los Rangers. Desde entonces la cordialidad duró poco. En 1909, tras dos finales de Copa de Escocia empatadas, ambas hinchadas invadieron el campo al sospechar que sus propios jugadores buscaban alargar la serie para generar más recaudación. Aquel episodio dio origen al mote de “Old Firm”, una etiqueta que marcó para siempre el carácter económico y pasional del duelo.
Sectas, política y violencia en las tribunas
La rivalidad se profundizó en 1912, cuando un astillero de Belfast que solo contrataba protestantes desembarcó en Glasgow y reforzó el vínculo de los Rangers con esa comunidad. El conflicto alcanzó su punto más oscuro en los años ‘70, en medio de la violencia entre el IRA republicano y la policía norirlandesa leal a la Corona. En los estadios era común ver símbolos del IRA en el Celtic Park y banderas británicas en Ibrox, reflejo de un enfrentamiento que iba mucho más allá del fútbol.
Tragedias que quedaron grabadas en la memoria
El Old Firm también arrastra episodios de dolor. En 1931, el arquero del Celtic John Thomson falleció tras un choque en pleno partido. Y en 1971, la Tragedia de Ibrox enlutó al clásico: 66 hinchas del Rangers murieron aplastados en una avalancha en la tribuna. Décadas después, un monumento recuerda a las víctimas como símbolo de que la pasión también puede tener un precio demasiado alto.
La barrera de los fichajes religiosos
Durante gran parte del siglo XX, los Rangers sostuvieron una política tácita: no fichar futbolistas católicos. Esa barrera cayó en 1989, cuando Graeme Souness llevó al club a Maurice Mo Johnston, exgoleador del Celtic. La decisión generó rechazo en ambos bandos y el delantero jamás logró encajar plenamente, a pesar de anotar un gol histórico en su primer clásico.
La pelota también habla
Más allá de la política y las tragedias, el Old Firm ha ofrecido capítulos memorables en lo futbolístico. Remontadas increíbles, definiciones agónicas y victorias inesperadas moldearon la historia de un duelo con 170 triunfos para cada lado y más de 100 empates. El de este domingo en Ibrox promete ser otra página de una saga interminable.
Un clásico que nunca perderá su esencia
Aunque en los últimos años la violencia ha disminuido y el clima se vive con mayor control, el Old Firm sigue siendo mucho más que un partido. Es la representación de identidades contrapuestas, de historias que se entrelazan con la política y la religión, y de una ciudad que cada tanto se parte en dos. Este domingo, cuando Celtic y Rangers salten al campo, Glasgow volverá a detenerse para vivir el derbi que define, como ningún otro, lo que significa el fútbol en Escocia.
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