El partido definitivo de la fase de grupos se jugó con el cuchillo entre los dientes desde el silbatazo inicial del principal francés Clément Turpin. Conscientes de que el margen de error era nulo, Paraguay saltó al terreno de juego a priorizar el orden defensivo, cediéndole la iniciativa a una Australia a la que le bastaba el empate para avanzar de ronda.
La primera mitad se convirtió en un monólogo de resistencia paraguaya y en la consagración del arquero de San Lorenzo, Orlando Gill. El guardameta guaraní firmó una actuación consagratoria al salvar tres ocasiones claras de gol: un trallazo a quemarropa de Jackson Irvine, un disparo de media distancia de Jordan Bos y un remate venenoso de Cristian Volpato justo antes del descanso.
La rebeldía de Enciso y la pizarra táctica de Alfaro
En el complemento, la Albirroja intentó sacudirse la presión mediante la velocidad y el desequilibrio de su máxima figura, Julio Enciso. El atacante del Racing de Estrasburgo fue un dolor de cabeza constante para la zaga australiana, encarando a base de gambetas y forzando la amonestación de Irvine.
Sin embargo, al ver que los caminos al gol se cerraban y que los minutos pesaban, el director técnico Gustavo Alfaro comenzó a jugar con la calculadora en la cabeza. Entendiendo que un punto los mantenía con vida en la tabla de los mejores terceros lugares, el estratega argentino movió el banco con cambios defensivos: dio entrada a Álex Arce en ataque, y blindó la mitad de la cancha y la zaga con los ingresos de Junior Alonso y Bobadilla en sustitución de Diego Gómez y Matías Galarza.
El derecho a seguir creyendo
El pitazo final trajo un doble sabor de boca para la delegación paraguaya: alivio absoluto por haber sobrevivido al asedio australiano, pero una enorme dosis de ansiedad de cara a los próximos días.
Con este 0-0 definitivo, Australia sella su pase directo como segunda del Grupo D, mientras que Paraguay se aferra con las uñas a la posibilidad de meterse a los dieciseisavos de final como uno de los cuatro mejores terceros lugares del certamen. Tras el demoledor 4-1 sufrido ante Estados Unidos en la jornada inaugural, los paraguayos se ganaron en buena lid el derecho a esperar y a seguir soñando en grande.