Boca Juniors se juega esta tarde algo más que una clasificación agónica a los octavos de final del Mundial de Clubes 2025. En el GEODIS Park de Nashville, el conjunto de Miguel Ángel Russo intentará golear a Auckland City y aguardar por un resultado favorable entre Benfica y Bayern Múnich. Pero sobre el césped habrá un protagonista inesperado: el árbitro Glenn Nyberg, que genera inquietud cada vez que aparece en partidos con presencia argentina. La designación del sueco reaviva fantasmas recientes y pone en alerta al Xeneize.

Un perfil con luces y sombras: del ascenso UEFA a las polémicas con Argentina

Nacido el 12 de octubre de 1988 en Sundsvall, Suecia, Nyberg forma parte del panel FIFA desde 2016 y se consolidó como árbitro de élite en competiciones europeas. Su carrera estuvo influenciada por su padre, exjuez asistente en la liga sueca, y por un recorrido que incluyó trabajos como profesor y almacenero antes de dedicarse de lleno al arbitraje.

En cuanto a su estilo, Nyberg es reconocido por permitir el juego fluido en partidos de ritmo técnico, pero sufre en contextos con fricción, protestas intensas o presión emocional. Sus estadísticas revelan un promedio de 4.8 tarjetas amarillas por partido, 0.25 rojas y 22.3 faltas cobradas por encuentro, con 53 minutos de juego neto y más de 11 kilómetros recorridos por partido.

Sus asistentes y la estructura arbitral del duelo en Nashville

Para el cruce entre Auckland City y Boca Juniors, Nyberg estará acompañado por sus compatriotas Mahbod Beigi y Andreas Söderkvist como asistentes. El cuarto árbitro será el congoleño Jean Jacques Ndala, y el equipo arbitral contará además con tecnología VAR provista por la FIFA.

Mal recuerdo para Argentina: los Juegos Olímpicos y la noche más absurda

En julio de 2024, durante el debut de la Selección Argentina Sub-23 ante Marruecos en los Juegos Olímpicos de París, Nyberg protagonizó uno de los episodios más insólitos en la historia del arbitraje moderno. Luego de que Cristian Medina marcara el gol del empate 2-2, el tanto fue anulado dos horas después del partido, por una presunta interferencia en fuera de juego de Bruno Amione. La insólita resolución forzó a los equipos a regresar al campo ya sin público, para disputar tres minutos adicionales.

En ese mismo encuentro, Kevin Zenón —titular hoy en Boca— ya tuvo un primer cruce con el juez sueco, que también ignoró una mano evidente en el área marroquí tras un remate de Nicolás Otamendi. La Albiceleste perdió 2-1 y el nombre de Nyberg quedó grabado entre los más criticados por la delegación argentina.

Otro antecedente tenso: el penal no cobrado a favor del Bayern

En los cuartos de final de la Champions League 2024, Nyberg dirigió el partido entre Arsenal y Bayern Múnich, y volvió a ser blanco de polémicas. En ese encuentro, ignoró un penal clarísimo por mano del brasileño Gabriel Magalhaes luego de un error grotesco del arquero David Raya. La jugada dio la vuelta al mundo, y ni siquiera el VAR intervino. Otro episodio que pone en tela de juicio su fiabilidad en partidos de máxima tensión.

Un historial adverso cada vez que se cruza con equipos argentinos

La tendencia se repite: cada vez que Nyberg ha dirigido a selecciones o clubes argentinos, su desempeño ha estado lejos de ser satisfactorio. Los reclamos, las decisiones demoradas y la falta de conexión con la dinámica del fútbol sudamericano son una constante. En círculos de CONMEBOL, el sueco no es considerado apto para partidos de alto riesgo emocional.

¿Qué puede esperar Boca de Nyberg esta vez?

Para Boca Juniors, el desafío no solo está en el arco rival. Si bien el objetivo es golear a Auckland City y esperar ayuda del Bayern, el arbitraje podría ser un factor determinante. En duelos donde el control emocional, el ritmo pausado y la superioridad técnica son evidentes, Nyberg puede cumplir. Pero si el partido se torna físico, vertiginoso y con reclamos constantes, los antecedentes indican que las dudas lo desbordan.

Un árbitro prestigioso que aún debe saldar cuentas con el fútbol argentino

Glenn Nyberg llega a este partido con pergaminos en el fútbol europeo, pero con cicatrices profundas cuando de equipos argentinos se trata. Para Boca, que buscará un milagro ante un rival inferior, la figura del árbitro sueco será tan importante como cualquier delantero. Y el recuerdo de París 2024 sigue demasiado fresco como para confiar sin reservas.