El regreso de José Mourinho al Real Madrid ha venido acompañado de una renovación considerable de la plantilla. El club blanco incorporó seis futbolistas y dejó salir a otros seis del primer equipo, con una inversión de 225 millones de euros en traspasos. A primera vista, el movimiento parece responder a una intención clara: darle a Mourinho una plantilla más física, competitiva y profunda.
Sin embargo, cuando se analiza el mercado por líneas y no solamente por nombres, aparece una contradicción. El Madrid ha elevado considerablemente su potencial ofensivo y ha mejorado su defensa, pero vuelve a terminar un mercado sin incorporar el mediocentro que necesita para modificar estructuralmente su centro del campo.
Ese detalle puede terminar siendo mucho más importante que la cantidad invertida.
Diomandé cambia el techo del ataque
El fichaje de Yan Diomandé, por 125 millones de euros, representa la apuesta más fuerte del verano y también la operación que mejor explica qué quiere Mourinho de su nuevo equipo.
El extremo marfileño llega para ocupar una posición que el Madrid no había conseguido estabilizar en las últimas temporadas. La intención es que pueda aportar amplitud y desequilibrio desde la derecha, liberando a Vinícius Júnior y Kylian Mbappé para que puedan recibir en zonas donde sean más peligrosos.
El fichaje tiene además una segunda lectura: el Madrid no solamente está buscando sustituir piezas, sino complementar perfiles.
Carlos Espí, incorporado por 25 millones, cumple una función diferente. Su perfil recuerda al de un delantero de referencia como Joselu y proporciona una alternativa que puede ser especialmente útil en partidos cerrados, cuando el talento individual de los extremos no sea suficiente para abrir defensas.
En este apartado, el mercado parece haber entendido correctamente el problema.
Calificación: sobresaliente.
La defensa mejora, pero sigue dependiendo demasiado de la salud
La llegada de Ibrahima Konaté, como agente libre, junto con Denzel Dumfries y Marc Cucurella, aumenta tanto la calidad como la profundidad defensiva.
Cucurella puede ofrecer mayor capacidad asociativa y recorrido por la izquierda, mientras que Dumfries aporta potencia física y llegada desde el lateral. Konaté, por su parte, representa una incorporación especialmente importante porque llega a una zona que necesitaba mayor contundencia.
Pero aquí aparece una vulnerabilidad.
El Madrid sigue dependiendo demasiado de la recuperación y disponibilidad de Antonio Rüdiger y Éder Militão. La salida de Raúl Asencio deja un espacio que Mourinho, según el análisis de ESPN, habría querido cubrir con otro central.
Esto significa que la defensa puede ser mejor que la del curso anterior y, al mismo tiempo, seguir siendo susceptible a una mala racha de lesiones.
Calificación: entre aprobado y notable.
El gran problema: otra vez falta el mediocentro
Aquí está la cuestión que puede definir el mercado.
El Real Madrid volvió a intentar incorporar a Rodri, pero la operación no llegó a concretarse. Y con ello desaparece nuevamente la posibilidad de incorporar un jugador especializado en organizar el juego desde la base del mediocampo.
Bernardo Silva puede ayudar a solucionar parte del problema. Su calidad técnica, capacidad asociativa y experiencia le permiten asumir responsabilidades importantes en la construcción.
Pero Bernardo no convierte automáticamente al Madrid en un equipo con un mediocentro clásico.
Y esa diferencia es fundamental.
El problema del Real Madrid en los últimos años no ha sido simplemente tener buenos centrocampistas. Ha sido, en determinados momentos, carecer de un jugador capaz de darle continuidad a la posesión, ordenar las alturas del equipo, ofrecer una salida limpia bajo presión y controlar el ritmo.
Es decir, el problema es estructural.
Mourinho puede intentar solucionarlo mediante un doble pivote y utilizando a Bernardo como organizador. Pero eso implica adaptar el sistema a las características de los futbolistas disponibles en lugar de solucionar directamente la carencia.
Calificación: suficiente.
Y probablemente sea el apartado que más incertidumbre deja de cara a la temporada.
El mercado tiene una paradoja
El Real Madrid ha gastado 225 millones de euros, pero la cifra por sí sola no explica si el mercado fue bueno o malo.
Lo interesante es dónde se gastó.
El club destinó una cantidad extraordinaria a un extremo —Diomandé—, incorporó dos laterales y reforzó el ataque con Espí. Mientras tanto, la posición que el propio análisis identifica como una necesidad prioritaria vuelve a quedar sin una solución específica.
Eso revela una apuesta.
El Madrid parece confiar en que la superioridad individual y la capacidad de adaptación de sus centrocampistas serán suficientes para compensar la ausencia de un mediocentro de referencia.
Si funciona, el equipo puede tener un techo competitivo altísimo.
Si no funciona, Mourinho podría encontrarse con un problema conocido: mucho talento en las zonas ofensivas, pero dificultades para controlar determinados partidos.
La cantera financia la revolución
Hay otro aspecto del mercado que merece más reconocimiento: las ventas procedentes de La Fábrica.
El Real Madrid ha generado cerca de 200 millones de euros mediante la salida de doce jugadores formados o vinculados a su cantera, entre ellos Nico Paz, Gonzalo García, Víctor Muñoz y Mario Gila.
La operación tiene una importancia que va más allá del balance económico.
El Madrid está utilizando su cantera como activo financiero y deportivo: desarrolla futbolistas, los incorpora al circuito profesional y, cuando no tienen espacio en el primer equipo, puede obtener ingresos significativos por ellos.
La venta de Gonzalo García al Fulham por 40 millones y la de Nico Paz por 60 millones son ejemplos particularmente claros de ese modelo.
Por eso, aunque los 225 millones de gasto llamen la atención, el balance económico del verano resulta mucho más favorable cuando se incorporan las ventas.
Calificación de la gestión de La Fábrica: sobresaliente.
Mourinho recibe una plantilla con más herramientas, pero no perfecta
El mercado madridista puede terminar siendo considerado un éxito si el nuevo entrenador consigue solucionar mediante estructura colectiva aquello que el club no resolvió mediante fichajes.
La plantilla tiene ahora más alternativas ofensivas, laterales con perfiles distintos, un central de jerarquía y un jugador como Bernardo Silva capaz de aportar creatividad.
Pero también conserva una incógnita fundamental:
¿Quién controla el partido cuando el Madrid no puede ganarlo simplemente por talento?
Esa será probablemente la pregunta central del segundo ciclo de Mourinho.
El técnico portugués tendrá que conseguir que una plantilla repleta de individualidades funcione como un equipo. Y para ello necesitará que Bernardo, los demás centrocampistas y el sistema colectivo compensen la ausencia de ese mediocentro clásico que el Madrid lleva varias temporadas buscando.
Por eso, la nota global del mercado no debería determinarse solamente por los 225 millones invertidos.
El Real Madrid mejoró. Mucho. Pero todavía no está completamente construido.
Su ataque tiene ahora más recursos, su defensa parece más profunda y La Fábrica volvió a demostrar su enorme valor económico. Sin embargo, el agujero del mediocampo permanece.
Y en una temporada en la que Mourinho vuelve al Bernabéu con la misión de recuperar el orden competitivo, ese vacío puede terminar siendo la diferencia entre un equipo con potencial para ganarlo todo y uno que vuelva a quedarse corto cuando llegue la hora de controlar los partidos grandes.