Golazos, contragolpes y un festejo contenido por respeto familiar. El debut de la Suecia de Graham Potter en este Mundial 2026 no pudo ser más espectacular sobre el parqué del Estadio Monterrey en Nuevo León, México. Los europeos asumieron las riendas del encuentro desde el silbatazo inicial del argentino Yael Falcón Pérez, abriendo el grifo utilitario apenas al minuto 7 de la primera mitad: Yasin Ayari, volante del Brighton inglés, sacó un derechazo potente desde la larga distancia que se transformó en un auténtico golazo. En un gran gesto de caballerosidad, Ayari eligió no festejar la anotación debido a que su padre nació en tierras tunecinas.

Tras el parón de hidratación, Suecia replegó sus líneas de forma estratégica para cazar a su rival a campo abierto. El plan de Potter funcionó a las mil maravillas al minuto 22, cuando Alexander Isak, el imponente “9” del Liverpool, controló un pelotazo largo por la banda izquierda, recortó hacia el centro del área y sacó un sutil disparo al segundo palo para clavar el 2-0.

Cuando el monólogo parecía total, Túnez tiró de orgullo en el patio. Al minuto 43, la estrella del Norwich, Hannibal Mejbri, colgó un centro milimétrico al corazón del área que el central Omar Rekik conectó de cabeza para batir a Kristoffer Nordfeldt, desatando el mejor momento futbolístico de los africanos, quienes empujaron a los suecos contra su propia portería en las vísperas del entretiempo.

La dupla letal Gyökeres-Isak dictó la sentencia en el complemento

Cualquier fantasma de remontada o sufrimiento para la mística amarilla quedó desmantelado a los 14 minutos del complemento. Isak, haciendo gala de su fisonomía física y desgaste en la presión alta, le devoró la cartera en la salida al capitán tunecino Ellyes Skhiri; el ariete recuperó el balón y sirvió en bandeja de plata la asistencia para que su socio de ataque, Viktor Gyökeres, definiera con total libertad para el 3-1.

A partir de ese hito técnico, Suecia se dedicó a enfriar el balón entre sus centrales, liderados por la experiencia del capitán Victor Lindelöf, regulando las cargas físicas de cara al exigente calendario de la FIFA. Las estocadas finales llegaron en el tramo de cierre gracias al banquillo de Potter:

El impacto inmediato de Svanberg (Minuto 85): El mediocentro ingresó al campo únicamente para reforzar el juego aéreo en una jugada de pelota parada y, en el primer esférico que tocó, la mandó a guardar. Aunque el juez de línea anuló la acción por un presunto fuera de juego, la revisión en las pantallas del VAR validó el 4-1 definitivo.

El doblete de Ayari (Minuto 90+4): Ya en el tiempo de descuento, la zaga de Túnez volvió a parpadear tras un saque lateral. La pelota quedó suelta en la frontal y Yasin Ayari la empalmó con violencia hacia el segundo poste para sellar su doblete y el escandaloso 5-1. Esta vez, con la victoria en el bolsillo, sí hubo carnaval y festejo total en el bando europeo.

Este imponente balance numérico acomoda a la escuadra escandinava como la única líder solitaria de su sector. Sabri Lamouchi y la directiva de las Águilas de Cartago tendrán que meter las manos en la pizarra técnica para recomponer la fisonomía de su defensiva si aspiran a mantener la respiración utilitaria en el torneo, mientras que los suecos ya miran con optimismo sus próximos tableros tácticos en la cita de la Concacaf.