La crisis interna que atraviesa la FIFA acaba de adquirir una dimensión política todavía mayor. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, salió públicamente en defensa de Gianni Infantino y advirtió que sería un “terrible error” que el organismo considerara reemplazar a su presidente.

El mensaje, publicado este martes en la red social Truth Social, representa uno de los respaldos políticos más explícitos que ha recibido Infantino en un momento especialmente delicado de su gestión.

“FIFA cometería un terrible error si, por cualquier motivo, siquiera considerara reemplazar al presidente Gianni Infantino”, escribió Trump, quien calificó de “fantástico” al dirigente y destacó especialmente su papel durante el Mundial de 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México.

La intervención no ocurre en un momento cualquiera.

Infantino enfrenta cuestionamientos de varias de las principales confederaciones continentales después de que su propuesta para crear FIFA Forward Enterprise (FFE) provocara una fuerte reacción dentro del fútbol internacional.

El proyecto que abrió la crisis

El centro de la controversia es una iniciativa destinada a comercializar ante inversores privados una participación del 20 % de los derechos comerciales del Mundial, por un valor aproximado de 4.200 millones de dólares.

La propuesta generó oposición de UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y Concacaf, que cuestionaron la manera en que FIFA manejó el proceso.

Las tres confederaciones consideraron que la iniciativa se planteó de manera unilateral, sin suficiente transparencia y sin una consulta adecuada con las federaciones miembro.

El problema, por tanto, no se limita a la conveniencia económica de vender parte de los derechos.

La discusión toca directamente uno de los asuntos más sensibles de cualquier organismo deportivo internacional: quién toma las decisiones, con qué información y bajo qué mecanismos de consulta.

Infantino terminó pidiendo disculpas después de que el proyecto se hiciera público, pero eso no cerró la controversia.

La propuesta fue retirada, pero las dudas sobre el proceso permanecen.

Trump vincula a Infantino con el éxito del Mundial

En medio de esas críticas, Trump decidió colocar su respaldo sobre la mesa.

El mandatario estadounidense sostuvo que Infantino acaba de presidir “el Mundial más exitoso que se haya presentado jamás” y advirtió que, si el presidente de FIFA deja el cargo, el torneo “nunca volverá a ser tan exitoso o rentable”.

Estas palabras tienen un significado particular porque el Mundial de 2026 fue organizado por Estados Unidos, Canadá y México, y Trump ha presentado el desarrollo del torneo como uno de los grandes éxitos de su Administración.

La relación entre Trump e Infantino, de hecho, se fortaleció durante la preparación del campeonato.

Por eso, el respaldo presidencial puede interpretarse también como una defensa de la gestión que permitió organizar el torneo en territorio estadounidense bajo un proyecto en el que la Administración de Trump tuvo un interés político y económico evidente.

Sin embargo, la declaración abre una pregunta importante: ¿hasta qué punto el éxito comercial de un Mundial puede compensar las críticas relacionadas con la gobernanza de FIFA?

Son dos asuntos diferentes.

Un torneo puede generar enormes ingresos, audiencias y repercusión mundial y, al mismo tiempo, existir preocupación sobre cómo se toman determinadas decisiones dentro del organismo que lo administra.

Infantino todavía tiene camino por recorrer

La crisis llega además en un momento especialmente sensible para el presidente de FIFA.

El próximo Congreso de la FIFA está previsto para marzo de 2027, y allí Infantino aspira a continuar al frente de la organización.

Por ahora, pese a la oposición expresada por algunas de las principales confederaciones, su candidatura no está descartada.

El dirigente conserva apoyos dentro de FIFA, especialmente en Sudamérica y África, según la información proporcionada.

Eso significa que la batalla por el futuro de la presidencia todavía está abierta.

Las críticas de UEFA, AFC y Concacaf representan un obstáculo importante porque proceden de organizaciones con enorme peso dentro del fútbol mundial. Pero Infantino tampoco se encuentra políticamente aislado.

La división deja un escenario complejo: por un lado, algunas de las principales confederaciones reclaman mayor transparencia; por otro, el presidente mantiene respaldos suficientes para conservar posibilidades de continuar.

Un respaldo que también tiene consecuencias

La intervención de Trump puede ayudar a Infantino políticamente, pero también pone todavía más atención sobre la relación entre fútbol y poder.

Que el presidente de una de las principales potencias económicas y deportivas del mundo intervenga públicamente para defender al máximo dirigente de FIFA convierte una disputa institucional en un asunto de mayor visibilidad internacional.

No significa que Trump tenga capacidad para decidir quién dirige FIFA. La elección corresponde a los mecanismos internos del organismo.

Pero su declaración sí puede influir en el debate público y reforzar la posición de Infantino frente a quienes cuestionan su gestión.

Además, revela la importancia que adquirió la relación entre ambos durante el Mundial de 2026.

El torneo no fue solamente una competición deportiva. También representó un enorme proyecto económico y de proyección internacional para los tres países anfitriones, especialmente para Estados Unidos.

La verdadera batalla será por la confianza

El episodio deja a Infantino ante un desafío que va más allá de conseguir votos.

El presidente de FIFA tendrá que demostrar que puede mantener la unidad de una organización en la que las grandes confederaciones no siempre comparten sus métodos ni sus prioridades.

El proyecto FFE mostró precisamente esa tensión.

La idea de obtener unos 4.200 millones de dólares mediante la comercialización de una participación del 20 % de los derechos comerciales del Mundial podía tener una dimensión económica enorme, pero el procedimiento utilizado terminó convirtiéndose en el principal problema.

Y ahí está la clave de la crisis.

Infantino puede contar con el respaldo de Trump, con apoyos en Sudamérica y África y con el argumento del éxito del Mundial de 2026, pero todavía debe enfrentar las dudas de varias de las estructuras más poderosas del fútbol internacional.

El próximo Congreso de FIFA, en marzo de 2027, será el escenario donde esas tensiones podrían adquirir una dimensión definitiva.

Hasta entonces, la discusión seguirá dividida entre quienes valoran los resultados comerciales y deportivos de la gestión de Infantino y quienes consideran que el futuro de FIFA requiere una mayor transparencia y participación de sus confederaciones.

Trump ya dejó clara su posición.

Ahora queda por ver si ese respaldo será suficiente para ayudar a Infantino a superar una de las mayores crisis institucionales desde que asumió la presidencia de FIFA en 2016.