El duelo de este martes en el NRG Stadium de Houston por el Grupo K de la Copa del Mundo no solo pondrá en juego tres puntos cruciales para la clasificación; también propiciará el reencuentro de dos de los máximos exponentes de la historia del Real Madrid y del fútbol contemporáneo. En los banquillos, Fabio Cannavaro volcará toda su experiencia de leyenda de la zaga para intentar frenar en seco la pólvora de Cristiano Ronaldo y su Selección de Portugal.
Cannavaro, de 52 años y al frente del combinado de Uzbekistán desde 2025, asumió el desafío asiático con la meta de trasladar a la pizarra el mismo gen competitivo que lo encumbró en el Olimpo del fútbol. Aunque el estreno mundialista se saldó con un tropiezo ante la Colombia de Néstor Lorenzo, el timonel napolitano confía en el orden de sus dirigidos para dar la campanada de la jornada.
El currículum de un central irrepetible
Para los jóvenes defensores de Uzbekistán, las indicaciones de Cannavaro son mandamientos avalados por una de las trayectorias más impecables del balompié moderno. Con apenas 1.76 metros de estatura —una talla inusual para los estándares de la zaga central—, “Il Capitano” dominó las áreas del mundo gracias a una antología de anticipación, velocidad física, reflejos felinos y una lectura táctica impecable.
Su recorrido de clubes y selección es una vitrina dorada:
Generación de Oro del Parma: Alzó la Copa de la UEFA en 1999.
Liderazgo de Élite: Capitaneó a la Juventus y posteriormente dio el salto a la “Galaxia” del Real Madrid.
El año de su vida (2006): Tocó el cielo en Berlín al levantar la Copa del Mundo de Alemania 2006 en su partido número 100 con la Azzurra, una gesta que le valió conquistar el Balón de Oro y el premio FIFA World Player ese mismo año.
Etapa en Chamartín: Con la elástica blanca del Real Madrid conquistó dos títulos de LaLiga (2007 y 2008) y una Supercopa de España, ganándose el respeto eterno de la afición del Santiago Bernabéu.
La metamorfosis del “Catenaccio” en la pizarra asiática
Tras colgar las botas, Cannavaro inició una travesía muy internacional en los banquillos que arrancó en el auge del fútbol asiático (2014-2015). Al mando de escuadras como el Guangzhou Evergrande —donde conquistó la Superliga de China y la Supercopa—, el Al-Nassr de Arabia Saudí y el Tianjin Quanjian, el italiano forjó una sólida reputación como un técnico obsesivo con la estructura defensiva, capaz de compactar las líneas y maximizar la eficiencia en las transiciones de contragolpe.
Tras breves pasajes de retorno a Europa con el Benevento, Udinese y el Dinamo de Zagreb, la Federación de Uzbekistán le entregó las llaves de su primer gran proyecto de selección nacional estable en 2025.
Este martes, la pizarra de Cannavaro se someterá a un examen de graduación absoluta. Su libreto defensivo, vertical y de pocos toques medirá fuerzas ante una Portugal que maneja el balón pero que llega herida y criticada tras empatar con el Congo. Frenar a Cristiano Ronaldo —el hombre de los 972 goles— requerirá que los pupilos de Cannavaro repliquen a la perfección aquella mística de su entrenador en el 2006: jugar con el corazón en la mano, la mente fría y sin conceder un solo milímetro de ventaja en el área.