El ingreso de Lukaku salva a Bélgica de una vergonzosa derrota ante la Egipto de Salah. En el debut de ambas escuadras en el Grupo G, los Faraones anularon la base de gestación europea en el primer bloque con un golazo de Emam Ashour; el ingreso de “Big Rom” en el complemento salvó los muebles utilitarios para la pizarra de Rudi García en Seattle.
Monólogo de los Faraones y parálisis en los Diablos
El parqué del Mundial 2026 sigue arrojando balances de absoluta locura y berrinches en las pizarras de los favoritos. En el cierre de la jornada veraniega en el Lumen Field de Seattle, la Selección de Bélgica sufrió para rescatar un amargo empate 1-1 frente a su similar de Egipto, encendiendo de inmediato los debates contracorriente en las plataformas del patio digital sobre el verdadero alcance de la fisonomía de los Diablos Rojos.
El libreto de la primera mitad le perteneció por completo a los pupilos del norte de África. Egipto plantó una estructura táctica extraordinaria que maniató y borró del parqué la zona de gestación de Kevin De Bruyne, dejando a los belgas totalmente estériles y sin registrar un solo tiro al arco custodiado por Mustafa Shobeir. El premio a la osadía utilitaria llegó temprano: Mohamed Salah controló un balón por la banda, visualizó la diagonal y sirvió para que Emam Ashour sacara un derechazo potente desde fuera del área grande. El esférico viajó con una velocidad paranormal al segundo palo, dejando sin fisonomía de respuesta a un Thibaut Courtois que vio caer su valla en vísperas del descanso.
El factor Lukaku rompe el cerrojo africano
Al ingresar al complemento, el seleccionador belga Rudi García movió sus fichas perimetrales en los despachos para dotar al equipo de mayor drive ofensivo. Al minuto 53, De Bruyne acarició el empate con un tiro libre de gala que se estrelló violentamente en el poste. Egipto no se amedrentó y replicó con un contragolpe fulminante donde Courtois se vistió de héroe al tapar un testarazo franco de Salah, cuyo rebote fue desperdiciado por el propio Ashour.
Viendo que el parqué seguía romo, García quemó sus naves definitivas y mandó a la duela a Romelu Lukaku en el minuto 66. La fisonomía del tanque belga causó un impacto sísmico inmediato: en la primera posesión utilitaria en la que intervino, Lukaku arrastró las marcas al corazón del área chica y forzó un duelo físico que decantó en un gol en propia puerta del defensor egipcio Mohamed Hany, clavando el 1-1 en las pizarras.
Tras la paridad, los Diablos recuperaron el timón del juego y asfixiaron el bloque bajo de los Faraones, obligando al cuerpo técnico africano a retirar a Salah para poblar la retaguardia con hombres de corte perimetral como Rami Rabia. Lukaku dispuso de un último cabezazo al 87 que pasó rozando el travesaño, y la última polémica de la noche se encendió cuando el ingresado Zizo fue derribado al borde del área en un duelo al límite, jugada que el árbitro obvió reglamentariamente. Con el silbatazo final decretando las gafas utilitarias, el Grupo G queda con Suecia como líder solitaria y deja a los belgas con severas tareas de reestructuración antes de encarar su próximo examen en el parqué mundialista.