Valentín Barco dejó de ser promesa para transformarse en realidad. En silencio, lejos de los flashes de la Premier League y sin el ruido mediático que suele rodear a los futbolistas argentinos, el ex Boca está construyendo una temporada de alto impacto en el Racing de Estrasburgo. Su crecimiento no pasa desapercibido: Chelsea ya lo tiene en carpeta y en la Selección Argentina empiezan a mirarlo con otros ojos pensando en el Mundial 2026.
El salto de calidad del “Colo” en el fútbol francés es evidente. Más fuerte desde lo físico, más confiado con la pelota y con una lectura de juego mucho más madura, Barco se convirtió en una pieza clave del equipo. Estrasburgo no solo le dio minutos, sino contexto, continuidad y un rol protagónico que terminó de pulir a un futbolista que hoy parece listo para desafíos mayores.
El interés del Chelsea no sorprende. El club londinense comparte grupo empresarial con el Estrasburgo y ya utilizó este camino en otras oportunidades para captar talentos en desarrollo. Además, Luis Rosenior, entrenador que fue clave en la evolución de Barco en Francia, hoy trabaja dentro de la estructura del club inglés y conoce de primera mano el potencial del argentino. Para los Blues, la operación sería sencilla; para Barco, un salto directo a la élite.
Más allá del mercado, lo que realmente entusiasma es su proyección internacional. Barco es un futbolista total: participa en la construcción, rompe líneas, provoca faltas y aparece por todo el frente ofensivo. Sus números reflejan ese protagonismo: alto volumen de contactos, gran cantidad de pases progresivos y una constante presencia en campo rival. No juega a lo seguro, arriesga, intenta y vuelve a intentar.
Ese perfil encaja perfectamente en el fútbol que propone Lionel Scaloni. En una Selección que empieza a pensar en el recambio, Barco aparece como una alternativa seria, sobre todo por su dinámica, su despliegue y su personalidad para asumir responsabilidades. Su crecimiento físico también despejó una de las principales dudas que existían cuando salió de Argentina: hoy compite sin problemas en una de las ligas más exigentes de Europa.
El contexto en Estrasburgo también ayuda. El vestuario tiene fuerte presencia sudamericana y argentina, con futbolistas que comparten ambiciones y se potencian entre sí. En ese ambiente, Barco no solo se consolidó futbolísticamente, sino que dio un salto en madurez personal, algo que el cuerpo técnico de la Selección valora cada vez más.
Con apenas 20 años, Valentín Barco empieza a jugar un partido más grande que el fin de semana. Su presente lo acerca a Chelsea, pero también lo empuja a pelear un lugar en la Scaloneta. Si mantiene este nivel, el Mundial 2026 ya no parece un sueño lejano, sino una meta concreta.
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