El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona volvió a sacudir a Argentina y al mundo del fútbol. En el segundo proceso judicial por el fallecimiento del astro el 25 de noviembre de 2020, su expareja Verónica Ojeda tomó la palabra este jueves y lo que dijo dejó sin aliento a la sala.

Rota en llanto, Ojeda no buscó eufemismos. Los llamó por su nombre.

“Ellos mataron al padre de mi hijo. Mi hijo necesitaba de su papá. Sus abrazos.”

“Asesinos”: la acusación que retumbó en la sala

Ojeda apuntó directamente contra tres integrantes del equipo médico que cuidaba a Maradona durante su internación domiciliaria: el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz. Los calificó de “asesinos” y los acusó de haber manipulado a la familia del Diez para evitar cualquier tipo de escrutinio sobre su desempeño.

“A mí me decían una cosa y a las hijas otras, para que nosotros nunca estemos unidos”, declaró, en referencia a Dalma y Gianinna Maradona, hijas del exfutbolista con Claudia Villafañe.

Pero Ojeda fue más allá. Señaló a Matías Morla, quien fuera el apoderado de Maradona, como el verdadero director de toda la operación:

“Morla es el que dirigía a todos estos secuaces, médicos y todo el entorno.”

Una casa sin condiciones mínimas

Uno de los testimonios más impactantes de Ojeda fue la descripción de las condiciones en las que Maradona pasó sus últimos días. La vivienda donde el exfutbolista se recuperaba de una cirugía para removerle un hematoma subdural era, según ella, indigna para cualquier persona — y mucho más para el mejor jugador de la historia de Argentina.

“Era un desastre y no estaba en condiciones, ya que había mucha suciedad.”

Señaló que Maradona no contaba con un baño completo cerca de su habitación en planta baja y tenía un orinal al lado de la cama“Había un olor terrible, no se podía estar.”

Y lo más grave: a pesar de que Cosachov y Luque habían prometido que la vivienda contaría con los instrumentos médicos adecuados, la realidad era otra. “No había ni siquiera un aparato para la presión.”

A pocos días de su muerte, Maradona estaba “totalmente desfigurado, inflamado, enojado, insultaba a todo el mundo y no quería ver a nadie.”

Los acusados niegan todo

Los siete profesionales sentados en el banquillo de los acusados niegan haber procedido con negligencia. En su última declaración ante el tribunal, Leopoldo Luque rechazó las acusaciones de Ojeda y ratificó que la internación domiciliaria “fue la mejor opción”“No era el dueño de la salud de Diego como dicen”, afirmó el neurocirujano.

Además de Luque, Cosachov y Díaz, están acusados los médicos Nancy Forlini y Pedro Di Spagna, el representante de la empresa de enfermería Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón.

Todos enfrentan cargos de homicidio simple por dolo eventual — cuando el victimario sabe que su conducta puede ocasionar un daño pero continúa con la acción. La pena máxima es de 25 años de prisión.

El contexto del juicio

Maradona falleció de un ataque cardiaco el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años, mientras cumplía una internación domiciliaria en las afueras de Buenos Aires. Dos semanas antes había sido operado para removerle un hematoma subdural.

Este es el segundo juicio por su muerte. El primero fue anulado a finales de 2025. Ojeda, quien vivió en pareja con Maradona entre 2005 y 2014 y es madre de su hijo Diego Fernando, ya había declarado en aquel proceso anterior.

Una herida que no cierra

Han pasado más de cinco años desde la muerte de Maradona. Pero el dolor de quienes lo amaron — y la indignación por cómo murió — sigue tan vivo como el primer día. El testimonio de Ojeda, con lágrimas y con rabia, es el recordatorio de que detrás del ídolo había un hombre, un padre, y una familia que todavía busca justicia.