Lo que parecía impensado hace apenas un año se volvió realidad en Montmeló: Red Bull tocó fondo en el Gran Premio de España. Con un Verstappen desbordado y sancionado, y un Tsunoda que volvió a quedarse sin puntos, la escudería austríaca apenas pudo cosechar una unidad, una cosecha mísera que pone en entredicho su hegemonía reciente y expone una cadena de errores estratégicos que podrían costarle muy caro.
El décimo puesto de Max Verstappen, producto de una sanción derivada de una maniobra antirreglamentaria, selló el que ya es su peor resultado en las últimas ocho temporadas. Pero el drama fue colectivo: Yuki Tsunoda, en su séptima carrera con el monoplaza que pertenecía a Sergio Pérez, terminó decimotercero, ampliando su colección de actuaciones grises con un auto que parece no estar a la altura… o que tal vez extraña demasiado a su antiguo dueño.
Un fin de semana negro para Red Bull
Barcelona expuso, más que nunca, las grietas que hoy atraviesan a Red Bull. No solo por los resultados —una décima y una decimotercera posición que se traducen en un solitario punto— sino por la imagen errática, la falta de dirección y un clima interno cada vez más tenso.
Verstappen, habitualmente implacable, mostró un rostro inusual: nervioso, protestón, y finalmente castigado. La frustración lo dominó en varios tramos de la carrera, y su penalización terminó por hundir cualquier intento de remontada. Su décimo lugar, simbólicamente, reflejó una caída pronunciada para quien supo dominar la Fórmula 1 con puño de hierro.
Tsunoda, por su parte, sigue sin justificar su promoción dentro del equipo. En siete carreras con el auto de Checo Pérez, ha finalizado cuatro sin puntuar y solo ha sumado siete unidades, una cifra muy pobre para una escudería que aspira a revalidar títulos.
El error que persigue a Helmut Marko
La decisión de prescindir de Sergio Pérez parece hoy una mancha indeleble en la gestión de Red Bull. Y no son pocos los dedos que apuntan hacia Helmut Marko, principal arquitecto de la reestructuración del equipo, y también el mayor impulsor de la salida del piloto mexicano.
Con la salida de Checo, Red Bull no solo perdió a un escudero fiable para Verstappen, sino también a un piloto experimentado, constante, y capaz de sacar resultados incluso en fines de semana adversos. La armonía interna se quebró y las consecuencias no tardaron en llegar.
El neerlandés ha quedado solo en la pista y más expuesto que nunca. Sin la cobertura táctica que Checo supo brindarle en múltiples ocasiones, sus duelos con McLaren y Mercedes son ahora más abiertos, más vulnerables. La presión crece, y con ella, los errores.
Un Mundial que se escapa
Los números no mienten: el Campeonato de Constructores se aleja rápidamente para Red Bull. McLaren ha crecido con paso firme, Ferrari aún se mantiene competitivo, y Mercedes comienza a recuperar terreno. La hegemonía del equipo austríaco, que parecía asegurada tras años de dominio, está hoy en jaque.
El equipo no encuentra respuestas en pista ni fuera de ella. Cambios de pilotos, decisiones técnicas erráticas, y una estructura interna que da señales de caos. El presente de Red Bull se parece más al de una escudería en crisis que al de una campeona.
Checo, el gran ausente que todos extrañan
La figura de Sergio “Checo” Pérez, hoy alejado del equipo principal, se vuelve cada vez más recurrente en las discusiones dentro del paddock. Su capacidad para leer las carreras, proteger a Verstappen y sumar puntos cruciales fue subestimada por una directiva que priorizó otras variables.
Con su salida, Red Bull no solo perdió talento, sino equilibrio. Y ni Verstappen ni Marko ni el propio equipo han podido llenar ese vacío. En silencio, Checo se ha convertido en el ausente más presente del campeonato.
El futuro inmediato: ¿reacción o colapso?
Red Bull necesita reaccionar, y rápido. El Mundial todavía tiene muchas páginas por escribirse, pero la dinámica actual los deja fuera de toda conversación por el título si no se produce un giro drástico. La presión recae sobre Marko, sobre Verstappen, sobre la dirección técnica… y sobre una escudería que parecía infalible.
Montmeló no fue solo un mal resultado. Fue un síntoma. De desorden, de decisiones apresuradas y de una visión que, hoy, se revela profundamente equivocada.
En la Fórmula 1 no hay lugar para los errores de cálculo. Y Red Bull, tras años de dominio, está pagando el precio de haber creído que podía prescindir de su mejor socio silencioso. El tiempo dirá si aún están a tiempo de corregir la ruta o si el 2025 será recordado como el año del colapso.