Max Verstappen desembarcó en Shanghái con señales de alerta encendidas. Después de un arranque de temporada marcado por la adaptación al nuevo reglamento, el piloto de Red Bull admitió que uno de los puntos débiles detectados en Australia —el desgaste de neumáticos— podría repetirse en el GP de China, justo en una fecha que ofrece poco margen de corrección por el formato sprint.
Las dudas se trasladaron a la pista. En la clasificación de este sábado, Verstappen apenas pudo ubicarse 8°, lejos de la primera fila y con la sensación de que el auto todavía no entrega consistencia para pelear adelante. La pole quedó en manos de Andrea Kimi Antonelli (Mercedes), seguido por George Russell (Mercedes) y Lewis Hamilton (Ferrari); Charles Leclerc (Ferrari) completó el top 4.
El contexto tampoco ayuda: Shanghái inaugura el primer fin de semana sprint del año y, con solo una práctica antes de la “sprint shootout”, los equipos deben acertar rápido con la puesta a punto. Verstappen ya venía de manifestar malestar con el comportamiento de los autos de 2026 y, tras su golpe en la clasificación de Australia, cuestionó el rumbo técnico de la categoría.
Con el neerlandés obligado a remontar, el GP de China aparece como una prueba de carácter para Red Bull: sumar fuerte para no ceder terreno en el arranque del campeonato y recuperar sensaciones en un trazado que suele castigar el manejo de gomas y la estabilidad del auto en tracción.
La carrera principal del Gran Premio de China se disputará este domingo 15 de marzo a 56 vueltas en el Circuito Internacional de Shanghái. Para Verstappen, largar desde la cuarta fila vuelve más estrecho el camino: necesita una largada limpia, estrategia fina y, sobre todo, que el Red Bull deje atrás las dudas para meterse en la pelea grande.