Desde la década del 70, el tenis ha sido uno de los deportes más confiables del medallero dominicano en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Pero lo que la rama masculina ha construido en las últimas dos décadas va mucho más allá de la consistencia: es una hegemonía que pocos países en cualquier disciplina pueden presumir en el ámbito regional.

Cinco oros consecutivos. Cartagena 2006, Mayagüez 2010, Veracruz 2014, Barranquilla 2018 y San Salvador 2023. Una racha que, sumada a los tres oros previos de Santiago 1986, México 1990 y Ponce 1993, convierte a República Dominicana en el dominador histórico del tenis masculino en los Juegos Centroamericanos y del Caribe con ocho medallas de oro.

El sexto consecutivo se disputará en casa. Y eso lo cambia todo.

La presión de ser local

Persio Maldonado, presidente de la Federación Dominicana de Tenis, no esconde que la responsabilidad de defender ese legado en suelo propio es enorme.

“Esta competencia siempre se nos hace demandante, sobre todo por el precedente de ser dominantes en los últimos eventos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe”, reconoció el dirigente.

Jugar en casa tiene dos caras: la energía de la afición propia empujando desde las gradas, y el peso de las expectativas de toda una nación que ya da por sentado el oro. Maldonado lo sabe, y por eso insiste en que el equipo debe asumir el reto con mayor seriedad que nunca.

La región mejoró, y RD también lo sabe

Uno de los mensajes más honestos de Maldonado fue reconocer que el tenis regional ha evolucionado. Han surgido nuevos jugadores con talento real, muchos de ellos formados en los circuitos universitarios de Estados Unidos, que aunque no tienen posiciones destacadas en el ranking ATP o WTA, representan rivales de cuidado en el formato de los Juegos.

“Estamos seguros de que habrá muy buena competencia de tenis aquí”, advirtió el presidente, quien además ocupa el cargo de presidente de la Confederación de Tenis de Centroamérica y del Caribe, lo que le da una visión privilegiada del nivel regional.

El mensaje es claro: el oro no está garantizado. Hay que ganárselo.

Las raquetas que defenderán el trono

Entre los nombres que podrían conformar la selección nacional para Santo Domingo 2026, Maldonado destacó a figuras con experiencia probada en competencias regionales:

  • Nick Hardt — campeón en San Salvador 2023, el referente del equipo masculino
  • Roberto Cid — medallista de plata en la pasada edición
  • Peter Bertran — uno de los pilares del tenis masculino dominicano
  • Ana Zamburek y María Fedotova — figuras de la rama femenina
  • Juliany de la Cruz — otra de las apuestas del equipo femenino

La lista definitiva aún está por confirmarse, pero el núcleo duro ya está identificado.

“Muchas de nuestras raquetas son parte de esas historias de progreso y creo que hay un buen estado de ánimo para tener un gran desempeño”, señaló Maldonado con optimismo.

Más que el masculino: el reto en todas las modalidades

El objetivo de la delegación dominicana no se limita al oro en la rama masculina. Maldonado dejó claro que el equipo apunta al podio en todas las modalidades: femenino, dobles, mixtos y nación. Un reto ambicioso que requiere profundidad en el plantel y un trabajo coordinado de todo el cuerpo técnico.

La historia respalda esa ambición. Desde los años 70, el tenis dominicano ha aportado medallas al país en cada edición de los Juegos. No hay razón para que Santo Domingo 2026 sea la excepción.

El escenario más especial

Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 se celebrarán del 24 de julio al 8 de agosto. Para el tenis dominicano, competir en casa ante su propia afición es una oportunidad única que no se repetirá en mucho tiempo.

Ocho oros en la historia. Cinco consecutivos. Y ahora, la posibilidad de escribir el capítulo más emotivo de todos: el sexto oro seguido, en casa, ante los suyos.