En 2021, cuando Liranyi Alonso apenas tenía 15 años y medía alrededor de cinco pies de estatura, la opinión de algunas personas del atletismo dominicano sobre su futuro era poco alentadora. Cuando su entrenador, José Ludwig Rubio, la presentaba como una joven con talento, algunos le respondían directamente: “No pierdas tu tiempo con esa enana”.
Cinco años después, aquella frase se convirtió en una anécdota que Rubio recuerda entre risas. Alonso ya no es una promesa desconocida. A sus 20 años, viene de conquistar cuatro medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, además de clasificarse a los Juegos Panamericanos de Lima 2027 en las cuatro pruebas que ganó: los 100 metros, 200 metros, relevo 4×100 femenino y relevo 4×100 mixto.
Pero para Rubio, el verdadero objetivo no termina en el éxito regional. El entrenador, quien también trabajó en el desarrollo de Luguelin Santos hasta convertirlo en medallista olímpico y mundial, piensa en un escenario mucho más exigente: la final olímpica de los 100 metros en Los Ángeles 2028.
“Liranyi se prepara para competir en la final olímpica de los 100 metros”, afirmó Rubio a Diario Libre. La declaración no significa que el entrenador pueda garantizar ese resultado, sino que establece claramente hacia dónde está orientado el proceso de preparación.
Una meta ambiciosa, pero todavía a dos años
El desafío es enorme. Los 100 metros son una de las pruebas más competitivas del atletismo mundial y dos años representan suficiente tiempo para que el panorama cambie radicalmente.
Rubio reconoce precisamente esa incertidumbre. Durante ese período algunas atletas pueden retirarse, otras pueden aparecer, mejorar sus marcas o sufrir lesiones. Por eso, el entrenador evita presentar el futuro como algo garantizado.
Lo que sí puede controlar es el proceso.
Y ese proceso ya produjo señales importantes en Santo Domingo 2026.
Alonso redujo en cuatro centésimas el antiguo récord de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en los 100 metros, una marca que permanecía vigente desde 1998. El dato es especialmente significativo porque demuestra que su crecimiento no depende únicamente de haber acumulado medallas, sino también de una evolución concreta en los tiempos.
Sin embargo, existe un elemento que Rubio considera fundamental para interpretar correctamente algunas de sus marcas: el viento.
El viento también cuenta en el cronómetro
El entrenador pone como ejemplo la final de los 200 metros, que Alonso ganó con 23.07 segundos. En esa carrera, el viento soplaba a 3.4 metros por segundo.
Según Rubio, esa condición estuvo lejos de ser ideal. El entrenador señala que lo conveniente es competir con un viento que no supere los 2 metros por segundo, mientras que condiciones de cero o viento negativo resultan todavía más favorables para la evaluación del rendimiento.
Esto es importante porque las condiciones atmosféricas pueden afectar directamente el rendimiento de los velocistas y, especialmente, la posibilidad de registrar determinadas marcas.
Rubio considera que, bajo condiciones óptimas, Alonso tiene capacidad para correr los 200 metros en 22 segundos, una proyección que ayuda a entender por qué su equipo considera que todavía existe margen considerable de crecimiento.
No obstante, esa cifra debe interpretarse como una valoración del entrenador sobre el potencial de la atleta y no como un tiempo ya conseguido.
El ranking todavía no cuenta toda la historia
Otro elemento que puede generar una lectura incompleta es la posición de Alonso en el ranking mundial.
World Athletics la ubica actualmente en el puesto 29 del planeta, una clasificación que, según explica Rubio, está influenciada por el hecho de que la dominicana no tuvo una agenda cargada de competencias internacionales debido a su preparación específica para Santo Domingo 2026.
Eso significa que su posición mundial no necesariamente refleja todo el potencial que mostró en territorio dominicano.
La estrategia de preparación tuvo un objetivo claro: llegar en las mejores condiciones posibles al gran compromiso regional. El resultado fue contundente: cuatro oros y clasificación a Lima 2027 en cuatro eventos.
Ahora comienza otra etapa.
De la revelación regional al escenario internacional
La gran diferencia entre Santo Domingo 2026 y Los Ángeles 2028 será el nivel de oposición. Alonso tendrá que transformar su dominio regional en actuaciones capaces de colocarla entre las mejores velocistas del mundo.
Ahí adquiere relevancia la experiencia de Rubio. Su historial con Luguelin Santos demuestra que conoce el proceso de acompañar a un atleta dominicano desde el desarrollo hasta los escenarios internacionales de máxima exigencia.
La propia historia de Alonso también aporta una dimensión adicional. La atleta que algunos consideraban demasiado pequeña para merecer una inversión de tiempo ahora se encuentra a las puertas de un proceso olímpico.
Además, el éxito deportivo empieza a generar reconocimiento fuera de la pista. De acuerdo con el texto, el Estado le otorgará una vivienda, mientras que dos marcas comerciales están interesadas en contar con ella. Es una consecuencia lógica del salto que ha dado su perfil después de los cuatro títulos conquistados en Santo Domingo.
Pero el mayor reto será convertir esa atención en resultados sostenibles.
Lima 2027 será un paso importante y Los Ángeles 2028 representa la gran prueba. Rubio no promete una medalla ni un puesto específico porque entiende que el atletismo depende de demasiadas variables.
Su promesa es diferente: trabajar para que Alonso llegue preparada para competir al máximo nivel.
Hace cinco años le decían que no perdiera el tiempo con aquella adolescente de cinco pies. Hoy, el objetivo es mucho más grande: que Liranyi Alonso llegue a una final olímpica de 100 metros.
El cronómetro será, finalmente, quien determine hasta dónde puede llegar.