Durante casi dos décadas, Novak Djokovic consiguió algo que parecía imposible: desafiar al paso del tiempo y mantenerse en la cima del tenis mundial mucho después de que la mayoría de sus contemporáneos hubiera abandonado la élite.

Pero el domingo por la noche, en Nueva York, apareció una imagen que empieza a repetirse con demasiada frecuencia.

El campeón de 24 títulos de Grand Slam quedó eliminado en la primera ronda del US Open tras perder frente al argentino Mariano Navone, número 49 del mundo, en un maratón de cinco sets por 6-7, 7-5, 6-4, 2-6 y 1-6.

Más que la derrota, lo que llamó la atención fue la manera en que terminó el partido.

Djokovic mostró nuevamente señales de agotamiento físico, tuvo dificultades para recuperarse después de los intercambios largos y terminó afectado por problemas en la espalda y el hombro.

Al final, las lágrimas fueron una consecuencia de una noche que dejó una pregunta difícil de evitar: ¿está llegando el final de la carrera del serbio?

Una racha histórica que llegó a su fin

El resultado tiene una dimensión estadística extraordinaria.

Djokovic no había perdido un partido de primera ronda en un Grand Slam desde el Abierto de Australia de 2006.

Eso significa que durante más de 20 años consiguió superar sistemáticamente el primer obstáculo de los cuatro grandes torneos.

La derrota ante Navone puso fin a una racha de 78 victorias consecutivas en primera ronda de Grand Slam.

No se trata de una estadística cualquiera. Es el reflejo de una longevidad competitiva que prácticamente no tiene comparación en la historia del tenis.

Por eso, que esa racha termine precisamente ahora, después de una temporada marcada por problemas físicos, adquiere un significado especial.

“No disfruté”

Después del partido, Djokovic no intentó disfrazar lo ocurrido.

El serbio reconoció que la experiencia sobre la pista fue especialmente desagradable.

“No disfruté”, afirmó Djokovic, según ESPN. “Creo que era obvio que era una sensación horrible para mí en la pista”.

Sus palabras reflejaron lo que se había visto durante buena parte del encuentro.

El problema no parecía limitarse a una molestia puntual.

Djokovic explicó que los problemas físicos lo han acompañado durante prácticamente toda la temporada.

Según relató, ha sufrido episodios de vómitos y dificultades físicas durante sus partidos, seguidos de calambres y dolor.

Contra Navone, finalmente, su espalda terminó cediendo.

También mencionó molestias en el hombro y reconoció que ya no pudo cerrar el partido en condiciones.

El mismo patrón se repite

Lo más preocupante para Djokovic no es necesariamente una derrota aislada.

Es la repetición de un patrón.

Poco más de dos semanas antes, había abandonado el Cincinnati Open en su primer partido ante el argentino Thiago Agustín Tirante, después de experimentar problemas físicos similares.

Y sus anteriores derrotas en Grand Slam durante 2026 también habían mostrado imágenes parecidas.

Después de los puntos largos, Djokovic aparecía doblado sobre sí mismo, respirando con dificultad o con la cabeza entre las manos durante los cambios de lado.

La diferencia era que hasta ahora había conseguido resistir.

En el Abierto de Australia perdió la final contra Carlos Alcaraz, después de un partido en el que el español consiguió superar físicamente al serbio.

En Roland Garros, Djokovic fue derrotado en tercera ronda por el brasileño João Fonseca, una de las jóvenes figuras llamadas a dominar el futuro del tenis.

Y en Wimbledon alcanzó las semifinales, pero terminó sin energía frente al número uno del mundo, Jannik Sinner.

Es decir, incluso en medio de sus problemas físicos, Djokovic seguía encontrando la manera de avanzar profundamente en los grandes torneos.

Nueva York fue diferente.

Esta vez no pudo superar siquiera la primera ronda.

El paralelismo con Federer y Nadal

La escena recordó inevitablemente los últimos momentos competitivos de otras dos leyendas.

Roger Federer vivió algo parecido en Wimbledon 2021. El suizo cayó de manera contundente ante Hubert Hurkacz, mientras sus problemas físicos, especialmente en la rodilla, hacían evidente que su cuerpo ya no estaba preparado para sostener el nivel necesario para competir en la cima.

Tres años después, Rafael Nadal tuvo una experiencia similar en Roland Garros 2024.

El español perdió en primera ronda ante Alexander Zverev, quien consiguió desgastarlo progresivamente en una superficie y torneo donde Nadal había dominado durante buena parte de su carrera.

Ahora Djokovic parece encontrarse ante una situación comparable.

No significa necesariamente que su carrera haya terminado.

Pero sí que el cuerpo comienza a convertirse en un obstáculo que ni siquiera uno de los mejores competidores de todos los tiempos puede ignorar.

Los Ángeles 2028 parece todavía más lejos

Djokovic ha expresado públicamente que su gran objetivo es continuar hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, con la intención de cerrar allí su carrera.

Pero después de lo ocurrido en Nueva York, ese objetivo parece mucho más difícil de alcanzar.

El problema no es únicamente su edad o el desgaste acumulado después de tantos años en la élite.

Es la frecuencia con la que aparecen los problemas físicos y la dificultad cada vez mayor para recuperarse de partidos exigentes.

El Djokovic que durante años parecía capaz de convertir cualquier desventaja en una oportunidad de remontada ahora está obligado a luchar también contra su propio cuerpo.

Y esa puede ser la batalla más difícil de todas.

¿Es realmente el comienzo del final?

Todavía sería prematuro afirmar que el US Open representa el último partido de Djokovic en un Grand Slam.

Su carrera ha demostrado demasiadas veces que puede desafiar pronósticos.

Sin embargo, hay una diferencia entre una mala noche y una tendencia.

En 2026, los problemas físicos se han repetido en diferentes torneos. La capacidad de recuperación ya no parece la misma y los partidos largos tienen un impacto cada vez más evidente.

La derrota ante Navone representa, además, un punto de inflexión estadístico: por primera vez desde 2006, Djokovic perdió en la primera ronda de un Grand Slam.

La racha de 78 victorias terminó.

Y con ella desapareció otra de las enormes constantes que habían acompañado su carrera.

Quizás Djokovic todavía tenga capítulos por escribir.

Pero en Nueva York apareció una imagen que ningún campeón puede ignorar.

Por primera vez en mucho tiempo, la principal amenaza para Novak Djokovic no parece ser un rival al otro lado de la red. Es el tiempo y lo que su cuerpo ya no está dispuesto a soportar.