La carrera de Nick Kyrgios vuelve a quedar marcada por una situación extradeportiva. El tenista australiano fue suspendido provisionalmente después de dar positivo por cocaína durante el torneo ATP 250 de Mallorca, un episodio que el propio jugador reconoció y por el que asumió públicamente la responsabilidad.
La Agencia Internacional para la Integridad del Tenis (ITIA) informó este miércoles que Kyrgios no superó un control realizado el pasado 22 de junio, durante su participación en el torneo español. Posteriormente, el 17 de julio, un laboratorio acreditado por la Agencia Mundial Antidopaje confirmó la presencia de benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína.
La suspensión comenzó el 4 de agosto. Según la información proporcionada, Kyrgios no apeló la decisión y aceptó las consecuencias del procedimiento.
El propio tenista se pronunció en Instagram con un mensaje especialmente autocrítico. Reconoció haber cometido un “enorme error” y pidió disculpas a sus aficionados, familiares, patrocinadores y personas cercanas. También puso especial énfasis en los niños que lo siguen, consciente de la influencia que puede ejercer como figura deportiva.
Más allá de la sanción, el episodio representa otro capítulo complicado en una carrera que durante años ha estado marcada por una combinación particular de talento, polémicas y problemas físicos.
Un talento extraordinario frenado por las lesiones
Kyrgios, de 31 años, alcanzó el punto más alto de su trayectoria en Wimbledon 2022. Aquel año llegó a su primera final de Grand Slam, donde perdió en cuatro sets frente a Novak Djokovic.
También llegó a ocupar el puesto número 13 del ranking ATP en 2016 y suma siete títulos individuales en el circuito. Su capacidad para sacar y generar golpes de enorme potencia lo convirtió durante años en uno de los jugadores más difíciles de enfrentar cuando estaba en condiciones físicas óptimas.
Su trayectoria también tiene un dato que ayuda a dimensionar su calidad: Kyrgios pertenece al reducido grupo de jugadores que consiguió victorias oficiales frente a los cuatro integrantes del llamado Big Four: Roger Federer, Rafael Nadal, Djokovic y Andy Murray.
Sin embargo, las lesiones terminaron condicionando seriamente su carrera.
Problemas en el codo, muñeca, cadera, rodillas, hombros y clavícula lo obligaron a atravesar largos períodos de inactividad y múltiples intervenciones quirúrgicas. En 2024 se sometió incluso a una reconstrucción completa de la muñeca derecha.
El resultado ha sido un descenso considerable en el ranking. El australiano llegó a aparecer en el puesto 919 del ATP, muy lejos del nivel competitivo que alcanzó durante sus mejores años.
En enero, además, había reconocido que posiblemente nunca volvería a ser el jugador que fue en su mejor momento.
“Nada de eso justifica lo que hice”
Kyrgios también vinculó el episodio con el desgaste acumulado durante los últimos años, particularmente por las consecuencias físicas y mentales de sus lesiones.
Pero el propio jugador estableció un límite claro: esas dificultades no justifican el resultado positivo.
“Cometí un enorme error”, reconoció, mientras describía las lesiones como un duro peaje físico y mental. Aun así, aseguró que esa circunstancia no podía servir como explicación para lo ocurrido.
Su mensaje también dejó entrever una intención de utilizar la suspensión como un punto de inflexión. Kyrgios calificó lo sucedido como un “toque de atención” y aseguró que trabajará para regresar mejor.
Ahora tendrá que afrontar las consecuencias deportivas y reputacionales de una situación especialmente delicada para cualquier atleta profesional. En su caso, además, llega en un momento en que su carrera ya se encontraba intentando superar años de lesiones y una prolongada ausencia del máximo nivel.
Kyrgios todavía conserva el talento que alguna vez lo llevó a una final de Wimbledon y a derrotar a algunos de los mejores jugadores de la historia. Pero su próximo desafío no será únicamente volver a competir: también tendrá que reconstruir la confianza de un entorno deportivo que durante años ha observado su carrera entre la admiración por su talento y la preocupación por sus decisiones.