El Juego 3 de las Finales de la Conferencia Este entre los Indiana Pacers y los New York Knicks será recordado no solo por su intensidad y remontada, sino por el desconcertante colapso de los locales en los momentos más determinantes. Tyrese Haliburton, principal figura de los Pacers, lo resumió con una frase que ha resonado en medios y redes: “Fue como si el juego se quedara atascado. Es una sensación rara.”
Y es que, tras dominar buena parte del encuentro, Indiana vio cómo un impulso liderado por Karl-Anthony Towns y rematado por un clutch floater de Jalen Brunson le daba a los Knicks una sorpresiva victoria 106-100, dejando helado al Gainbridge Fieldhouse.
Un guion que parecía controlado
Los Pacers iniciaron con ritmo, agresividad y una clara ventaja táctica. Llegaron a liderar por 16 puntos en el tercer cuarto y en cinco momentos distintos mantuvieron una diferencia de 15 unidades. El plan de juego funcionaba. Haliburton repartía el balón, y pese a no estar acertados desde el perímetro (5 de 25 en triples), el equipo compensaba con intensidad defensiva y dominio del rebote.
Sin embargo, el problema comenzó a surgir desde lo intangible. El juego dejó de fluir. El ritmo se trabó. La confianza desapareció.
El momento del colapso
El tramo final del tercer cuarto marcó el inicio de la pesadilla. Mikal Bridges y Miles McBride lideraron una ofensiva que acortó la ventaja de Indiana a solo 10 puntos antes del último cuarto. Entonces, Karl-Anthony Towns entró en modo superestrella y anotó 20 puntos en el último periodo.
Mientras tanto, Haliburton, aunque finalizó con 20 puntos, no pudo imponer su liderazgo ofensivo. “Sentí que la pelota se trabó. Muchos de nuestros errores ocurrieron en la segunda mitad. En la primera mitad cuidamos mejor el balón”, explicó en su análisis postpartido.
Lo más alarmante: los Pacers fueron superados 36-20 en ese último cuarto, una estadística que resume perfectamente la pérdida de control.
El impacto de la lesión de Nesmith
Otro factor clave fue la lesión de Aaron Nesmith. El alero, vital por su eficiencia (13 de 20 en tiros y 10 de 12 en triples en los primeros dos juegos de la serie), se torció el tobillo en el tercer cuarto. Aunque volvió en el cuarto periodo, ya no fue el mismo. Terminó con un flojo 2 de 8 en tiros de campo y sin aportar ofensivamente.
La posibilidad de que esté limitado físicamente para el Juego 4 agrava la situación de Indiana, que ahora deberá afrontar el desafío de responder con rapidez en una serie que de pronto se ha equilibrado emocional y estratégicamente.
Knicks: resiliencia en su máxima expresión
Del otro lado, la narrativa es de superación. Pese a estar abajo por 20 puntos, los Knicks, liderados por un Towns monumental y un Brunson decisivo en la recta final, lograron su tercera remontada de esa magnitud en esta postemporada. La energía del banquillo, la defensa colectiva y las piezas de rol como Bridges y McBride fueron fundamentales.
Además, Tom Thibodeau tomó decisiones arriesgadas que rindieron frutos, como mantener a Brunson en el banco por su acumulación de faltas y confiar en los suplentes para sostener la remontada.
¿Y ahora qué?
Indiana sigue liderando la serie 2-1, pero el golpe anímico de este Juego 3 podría pesar. El equipo de Rick Carlisle debe encontrar respuestas rápidas para evitar que la narrativa de colapso se convierta en una constante. Haliburton, como líder, tiene la responsabilidad de reactivar la dinámica ofensiva y emocional del grupo.
El Juego 4 se presenta como un punto de quiebre. Si Indiana no responde, los Knicks podrían igualar la serie y tomar todo el impulso psicológico. Para Haliburton y compañía, más allá del esquema táctico, se trata de recuperar la convicción. Porque en playoffs, las “sensaciones raras” muchas veces son presagios de un giro irreversible.
Este Juego 3 ha dejado más que una derrota: ha expuesto las vulnerabilidades de unos Pacers que parecían sólidos y ha revivido a unos Knicks que no dejan de sorprender. Haliburton lo siente. Indiana lo sabe. Y la serie, ahora más que nunca, está viva.