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Pese a las críticas y las lesiones, el equipo de Dallas encuentra su segunda oportunidad. 

La polémica salida de Luka Doncic de los Dallas Mavericks sacudió los cimientos de la franquicia y dejó a la afición en estado de shock. El esloveno, considerado el rostro del equipo y una de las mayores estrellas de la NBA, fue traspasado a Los Angeles Lakers a cambio de Anthony Davis, Max Christie y una futura selección de primera ronda del Draft en 2029. La jugada fue vista como un error catastrófico por muchos analistas y seguidores, sobre todo considerando que Davis, la principal pieza del intercambio, solo ha disputado un partido antes de quedar fuera por una lesión en la ingle.

Para empeorar las cosas, los Mavericks han tenido que lidiar con un aluvión de lesiones. Daniel Gafford y Dereck Lively II también se encuentran en la lista de bajas, lo que ha dejado al equipo con serias dificultades en la pintura. Sin embargo, contra todo pronóstico, Dallas no solo ha sobrevivido a esta crisis, sino que ha encontrado una forma de prosperar. Con cinco victorias en sus últimos seis encuentros, incluyendo una notable actuación ante los New Orleans Pelicans, el equipo ha demostrado una resiliencia inesperada.

Un equipo unido en la adversidad

El entrenador Jason Kidd ha sido el primero en destacar el carácter de su equipo en medio de la tormenta. “Somos un equipo. Confiamos los unos en los otros. No solo en Kai (Kyrie Irving), Christie o PJ (Washington)… No somos el equipo más grande en tamaño, pero necesitamos que todos contribuyan en los rebotes”, declaró Kidd tras la victoria sobre los Pelicans.

El entrenador tiene razón. Más allá de las individualidades, lo que ha permitido a los Mavericks mantenerse competitivos es su esfuerzo colectivo y una filosofía de juego basada en la intensidad y el compromiso. Max Christie, quien llegó como una pieza secundaria en el intercambio por Doncic, ha sorprendido con su desempeño, mientras que Kyrie Irving ha asumido un rol de liderazgo tanto dentro como fuera de la cancha. PJ Washington, por su parte, se ha convertido en una pieza clave en la estructura del equipo.

De la humillación al renacimiento

No siempre fue así. Tras el traspaso de Doncic, los Mavericks parecían destinados al colapso. Sufrieron una dolorosa derrota por 43 puntos contra los Cleveland Cavaliers y luego cayeron ante los Philadelphia 76ers. La frustración y el pesimismo se apoderaron de la afición, que no veía un horizonte claro sin su estrella.

Pero algo cambió. Dallas comenzó a adaptarse a su nueva realidad, encontrando en la versatilidad su mejor arma. En el partido contra los Pelicans, a pesar de la evidente desventaja física ante Zion Williamson y compañía, los Mavericks lograron imponerse con un planteamiento inteligente. Kessler Edwards, un jugador poco conocido, fue utilizado como pívot titular en un esquema de “small ball”, y la estrategia dio resultados.

¿Puede Dallas mantener el ritmo?

La gran pregunta ahora es si los Mavericks podrán sostener este nivel en el largo plazo. Las lesiones siguen siendo una preocupación, y la ausencia de Anthony Davis deja un vacío difícil de llenar en el juego interior. Sin embargo, el equipo ha demostrado que, con esfuerzo y disciplina táctica, puede competir contra los mejores.

Los próximos partidos serán una prueba de fuego para el equipo de Kidd. Si pueden seguir encontrando formas de ganar, el traspaso de Doncic, que inicialmente fue visto como una tragedia, podría terminar siendo el punto de inflexión para una nueva era en Dallas. La historia aún no está escrita, pero los Mavericks han dejado claro que no van a rendirse sin luchar.

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