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En el universo del baloncesto, hay noches que quedan marcadas en la historia, y los Golden State Warriors se han especializado en protagonizarlas. Este jueves no fue la excepción. Stephen Curry alcanzó una nueva cima en su legendaria carrera al encestar su triple número 4,000 en temporada regular, mientras que Steve Kerr, el arquitecto de la dinastía moderna de los Warriors, igualó el récord de 557 victorias como entrenador en la franquicia, compartiendo ahora el honor con el legendario Al Attles.
Pero este encuentro no solo se trató de hitos individuales. También marcó el regreso de Jonathan Kuminga, quien volvió a la acción tras perderse 31 partidos por una grave lesión en el tobillo. En una noche cargada de emociones, la afición de los Warriors tuvo múltiples razones para celebrar.
La conexión entre Kerr y Curry: un binomio de éxito
Cuando Steve Kerr asumió el mando de Golden State en la temporada 2014-15, pocos podían prever que su asociación con Stephen Curry transformaría el baloncesto. En ese entonces, Curry era un talento en ascenso, pero sus constantes lesiones en el tobillo generaban dudas sobre su durabilidad. Ahora, una década después, Kerr y Curry han construido juntos una era dorada que incluye cuatro títulos de la NBA y un estilo de juego que ha cambiado la liga.
Kerr, quien tuvo la oportunidad de dirigir a los New York Knicks en 2014 pero decidió apostar por los Warriors, ha sido fundamental en maximizar el potencial de su estrella. Bajo su dirección, Curry ha roto récords inalcanzables para generaciones anteriores, incluido el de más triples en la historia de la NBA. Sin su entrenador, es difícil imaginar el ascenso meteórico del base.
La relación entre ambos va más allá del éxito en la cancha. Kerr ha sabido adaptar su sistema ofensivo para potenciar las fortalezas de Curry, mientras que el dos veces MVP ha ejecutado su visión con precisión milimétrica. La sinergia entre ambos es la clave detrás de este nuevo récord.
Curry y su lugar en la historia: el primer miembro del club de los 4,000 triples
Cuando Stephen Curry ingresó a la NBA en 2009, pocos imaginaban que llevaría el tiro de tres puntos a niveles impensables. Hasta su llegada, ningún jugador había alcanzado los 3,000 triples en temporada regular, y ahora, con su anotación número 4,000, el base de los Warriors sigue ampliando la brecha con sus perseguidores.
El momento llegó en el tercer cuarto, con 8:19 en el reloj. Después de un rápido pase en transición, Curry soltó el balón con su característica mecánica perfecta y, como tantas veces antes, la pelota atravesó la red sin tocar el aro. La reacción del público fue inmediata: ovación de pie y cánticos de “MVP” en todo el Chase Center.
Este hito no solo subraya su grandeza individual, sino que también reafirma su impacto en el baloncesto moderno. El legado de Curry va más allá de los títulos y trofeos; ha redefinido la forma en que se juega y se entiende el baloncesto.
El regreso de Jonathan Kuminga: una pieza clave para el futuro de Golden State
La noche también trajo consigo el esperado regreso de Jonathan Kuminga, quien no jugaba desde el 4 de enero debido a una severa torcedura de tobillo. Su regreso fue recibido con una estruendosa ovación, y el joven alero no tardó en demostrar su explosividad.
En su primera jugada destacada, Kuminga recuperó un balón y asistió a Curry en el triple número 3,999 de su carrera. Minutos después, terminó su sequía anotadora con una elegante bandeja de zurda, desatando otra ovación en el Chase Center.
A medida que avanzaba el partido, Kuminga dejó su huella con jugadas de alto impacto, incluyendo una espectacular clavada de doble impulso y un alley-oop tras una pantalla de Curry. Su regreso es una gran noticia para los Warriors, que necesitan su energía y versatilidad para mantenerse en la lucha por los playoffs.
Una victoria con significado para los Warriors
Si bien la noche estuvo dominada por los hitos de Kerr y Curry, el resultado también importaba. Los Warriors dominaron gran parte del partido, pero en el segundo cuarto vieron cómo su ventaja de 20 puntos se reducía debido a un parcial de 17-4 en contra. Sin embargo, el equipo reaccionó en la segunda mitad, asegurando la victoria y cerrando una jornada inolvidable.
Para Kerr, igualar a Al Attles es un reconocimiento a su consistencia y liderazgo. Attles, quien dirigió a los Warriors en la década de 1970 y los llevó a un campeonato en 1975, es una figura icónica en la franquicia. Ahora, Kerr comparte su récord y tiene la oportunidad de superarlo en los próximos juegos.
Por su parte, Curry sigue escribiendo su historia en letras doradas, ampliando su legado como el mejor tirador de todos los tiempos. Y con el regreso de Kuminga, los Warriors pueden mirar al futuro con optimismo.
En una noche donde la historia y el presente se entrelazaron, Golden State volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las franquicias más especiales en la NBA.