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En la recta final de la serie regular de la Lidom, cada victoria cuenta como oro puro y los Tigres del Licey lo saben bien. El conjunto azul dominó a placer a unos Toros del Este que simplemente no encontraron la fórmula para responder en el Estadio Quisqueya Juan Marichal. La blanqueada por 6-0 a favor de los Tigres no solo consolida su posición en el tercer lugar de la tabla con marca de 23-19, sino que deja en evidencia su firmeza para encarar el tramo decisivo de la campaña.
El triunfo azul, marcado por una joya de pitcheo de Nico Tellache y el bateo oportuno de Arístides Aquino, sacó a relucir las debilidades de unos Toros que, con récord de 17-27, parecen resignarse a quedarse fuera de la fiesta de la postemporada.
La clave del dominio: un pitcheo hermético y eficiente
Si algo dejó claro el Licey en este encuentro fue la solidez de su cuerpo de lanzadores. Nico Tellache se presentó intransitable en la lomita durante cinco entradas, donde apenas permitió cinco hits, no concedió boletos y recetó dos ponches. Aunque los números puedan parecer discretos, Tellache lució dominante, controlando la zona de strike y forzando a los bates taurinos a conexiones débiles.
El relevo azul continuó el trabajo sin fisuras: Enyel de los Santos, Miguel Díaz, Jarlín García, Jonathan Aro y Ulises Joaquín completaron las últimas cuatro entradas, concediendo solo tres imparables. Un pitcheo hermético, eficiente y con carácter: eso es lo que necesita un equipo con aspiraciones serias en diciembre.
La actuación de Tellache es particularmente importante si consideramos la inconsistencia que en ocasiones ha mostrado la rotación del Licey en esta temporada. Con esta salida, el zurdo envía un mensaje claro: los Tigres tienen armas confiables para frenar a cualquier ofensiva cuando más importa.
Arístides Aquino: el despertar de un bate oportuno
En un partido donde la diferencia la marcan los pequeños detalles, el bate de Arístides Aquino brilló en el momento preciso. El cuadrangular de tres carreras en la octava entrada fue la estocada definitiva para unos Toros que ya no tenían respuestas. Aquino conectó apenas un hit en el juego, pero su producción fue clave: tres carreras empujadas que pusieron el marcador fuera de alcance.
El aporte de Aquino, sumado a la velocidad y visión de juego de Emilio Bonifacio y la contribución de jugadores como Dawel Lugo y Leonys Martin, refleja que el Licey está encontrando la combinación ideal de ofensiva oportuna y explosividad en el momento correcto.
Toros sin respuestas: una campaña en declive
Por el lado de los Toros del Este, este encuentro expuso las carencias que han afectado su temporada. A pesar de un buen inicio en el montículo de Jaime Barria, quien apenas permitió dos carreras limpias en cinco entradas, el relevo taurino no pudo contener a los bates azules. Félix Peña, en particular, sufrió las consecuencias al ser castigado con el cuadrangular de Aquino.
La ofensiva romanense tampoco mostró señales de vida. Aunque jugadores como Gustavo Núñez, Jeimer Candelario e Iván Castillo lograron conectar algunos hits aislados, nunca lograron articular un ataque sólido que pudiera poner presión a los lanzadores azules. El resultado fue una blanqueada que simboliza, de forma cruda, la situación del equipo: faltan seis juegos y la clasificación parece una utopía.
Un mensaje claro del Licey
La victoria no solo suma en la tabla, sino que refuerza la identidad de un equipo que sabe competir bajo presión. Los Tigres del Licey no solo buscan aferrarse al tercer puesto, sino que envían un mensaje al resto de los contendientes: siguen siendo los campeones vigentes y no serán fáciles de vencer.
El número mágico de los Tigres ahora es cuatro, un dato que ilusiona a la fanaticada azul y preocupa a sus rivales directos. Si logran mantener este nivel de juego, con un pitcheo sólido y una ofensiva que sabe responder en los momentos claves, el Licey será un candidato peligroso en la postemporada.
Con su sexta blanqueada de la temporada, los Tigres del Licey no solo suman una victoria más, sino que consolidan su posición como un equipo que está preparado para los retos más grandes. El equilibrio entre su pitcheo y ofensiva hace que luzcan como una maquinaria bien afinada cuando más lo necesitan.
Para los Toros, el panorama es oscuro. Necesitan un milagro para revertir una situación que cada día se complica más. El béisbol, sin embargo, es impredecible, pero los romanenses deberán buscar en lo más profundo de su plantel si quieren evitar cerrar el torneo en el sótano.
Por ahora, el rugido del Licey retumba fuerte en la Lidom y el mensaje es claro: la “rabia felina” está más viva que nunca.