Desde que aterrizó en Madrid hace ya más de cuatro años, Reinier Jesus vive cada pretemporada como una repetición. Una rutina sin premio. Fichado en enero de 2020 por el Real Madrid como uno de los talentos emergentes del fútbol brasileño, su presente dista mucho de aquellas expectativas iniciales. Hoy, con 23 años y cuatro cesiones a cuestas, su nombre vuelve a aparecer entre los descartes de Valdebebas, sin hueco en la plantilla profesional y con las puertas del club completamente cerradas.
Lo que debía ser el salto de calidad de su carrera terminó por convertirse en una cadena de frustraciones, altibajos y oportunidades perdidas. El Real Madrid no cuenta con él y, en esta ocasión, ni siquiera ha sido convocado para iniciar la pretemporada. Su realidad actual se reduce a una búsqueda desesperada por encontrar un equipo que le permita reconstruir una trayectoria que nunca terminó de despegar.
Una promesa atrapada entre cesiones y promesas incumplidas
Tras su llegada procedente del Flamengo, Reinier fue cedido sucesivamente al Borussia Dortmund, Girona, Frosinone y Granada, con la esperanza de ganar minutos, ritmo competitivo y confianza. Sin embargo, el paso del tiempo sólo evidenció lo contrario: el brasileño no ha logrado consolidarse en ningún destino y su rendimiento ha estado lejos de justificar la apuesta que el club blanco hizo por él.
Su última aventura, en el Granada de Segunda División, era vista como una oportunidad ideal para brillar y relanzarse. Pero el resultado fue desalentador. En 25 partidos oficiales (14 como titular), Reinier solo logró un gol y cuatro asistencias. Su impacto fue mínimo, y su rendimiento, irregular. La ilusión inicial de los aficionados del equipo andaluz se desvaneció rápidamente, dejando nuevamente al futbolista en tierra de nadie.
Un verano con espejismo incluido
El pasado verano, Reinier llegó a entrenarse con el primer equipo en Valdebebas, pero el contexto no podía haber sido más engañoso. La Eurocopa y la ausencia de internacionales obligaron a Carlo Ancelotti a tirar de jugadores del filial para completar los entrenamientos. El brasileño subió por necesidad, no por mérito deportivo. Esa situación temporal se diluyó apenas el equipo viajó a la gira de pretemporada por Estados Unidos. Ancelotti confeccionó una lista de canteranos para llevar al otro lado del Atlántico, y en ella no figuraba Reinier, una omisión que hablaba por sí sola.
El mensaje fue claro: no entra en los planes del cuerpo técnico, ni como recurso de emergencia. A pesar de que anotó algunos goles en amistosos sin trascendencia durante la pretemporada, el club no consideró su rendimiento como suficiente para justificar una oportunidad real.
Ni el primer equipo ni el Castilla: todas las puertas cerradas
Para esta nueva temporada, el escenario es incluso más sombrío. Reinier no ha sido citado por el club para incorporarse a los trabajos de pretemporada con el primer equipo, que comienzan el 9 de junio. Su nombre tampoco está contemplado en el proyecto del Castilla, dirigido ahora por Álvaro Arbeloa, lo que lo deja completamente fuera del ecosistema competitivo del club.
En este contexto, la única salida viable es encontrar destino fuera del Madrid antes de que inicie la campaña 2025/26, probablemente mediante otra cesión o un traspaso definitivo si aparece alguna oferta convincente.
Un contrato que se agota y un legado sin cumplir
Con contrato hasta junio de 2026, Reinier afronta la que posiblemente sea su última oportunidad para salir del Real Madrid con algo de dignidad deportiva. Su paso por el club nunca incluyó una aparición oficial con el primer equipo, algo que llama la atención si se tiene en cuenta que fue fichado con bombos y platillos, y que en su país se le atribuía incluso más proyección que a Rodrygo o Vinícius Júnior.
Lo cierto es que esa promesa jamás se materializó. Entre lesiones, falta de continuidad y decisiones tácticas que lo marginaron, el futbolista no ha podido demostrar su verdadero nivel. Hoy, mientras disfruta de unas vacaciones en Brasil, se entrena con su preparador físico y fisioterapeuta personal para llegar en buena forma al mercado de verano, en el que espera encontrar un nuevo destino que lo reciba.
Un talento sin rumbo
El caso de Reinier es el reflejo de un fenómeno frecuente en el fútbol moderno: jóvenes talentos que son reclutados por grandes clubes europeos con expectativas desmedidas, pero sin un plan de desarrollo claro. El Real Madrid apostó fuerte por él, pero nunca le brindó continuidad ni un entorno adecuado para crecer. El jugador, por su parte, no supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron.
A sus 23 años, Reinier está ante una encrucijada. Si bien aún tiene margen para reconducir su carrera, cada temporada perdida reduce su margen de error. El reloj sigue corriendo y, por ahora, el talento que deslumbró en Flamengo sigue esperando su verdadero debut en la élite europea.
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