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El boxeo dominicano, un deporte que ha llenado de orgullo a la nación con victorias históricas y éxitos internacionales, se encuentra hoy en una situación lamentable. A pesar de los triunfos recientes en los Juegos Olímpicos, el gimnasio de la Federación Dominicana de Boxeo, ubicado en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, muestra un estado deplorable que refleja el abandono y la falta de apoyo institucional a una disciplina que ha dado tanto con tan poco.

La realidad es dura y visible: mientras que los boxeadores dominicanos, como Cristian Pinales y Yunior Alcántara, han conseguido medallas que han puesto en alto el nombre del país, las condiciones en las que se entrenan son indignas. El calor sofocante, la falta de ventilación, y el hacinamiento en las habitaciones son solo algunas de las carencias que enfrentan diariamente estos atletas. Es irónico y doloroso ver cómo un deporte que ha entregado tanto recibe tan poco a cambio.

El ex campeón olímpico Félix Díaz, una leyenda del boxeo dominicano, ha sido claro al señalar que el gimnasio no está a la altura de los logros y el talento que alberga. La preparación adecuada, que es esencial para cualquier deporte, es prácticamente imposible en un espacio que no solo es insuficiente en términos de tamaño, sino que carece de las herramientas y condiciones básicas para entrenar. Los directivos y entrenadores han alzado su voz pidiendo una intervención urgente, no como un favor, sino como una inversión necesaria para el futuro del boxeo y del deporte dominicano.

La construcción de una villa de boxeo, con espacios adecuados para el entrenamiento y el descanso de los jóvenes pugilistas, no es un lujo, sino una necesidad urgente. Con una infraestructura adecuada, el país podría no solo mantener, sino mejorar su desempeño en competencias internacionales. Es inaceptable que 40 jóvenes deban compartir dos habitaciones, durmiendo en condiciones que ponen en riesgo no solo su rendimiento, sino también su salud.

El éxito de los boxeadores dominicanos, desde los campeones mundiales históricos como Teo Cruz, Leo Cruz, y Eleoncio Mercedes, hasta las nuevas promesas, ha sido conseguido a pesar de las adversidades. Sin embargo, no podemos seguir esperando que los logros continúen si no se brindan las condiciones necesarias para que los atletas se desarrollen plenamente. Es hora de que el boxeo dominicano reciba el apoyo y la atención que merece.

El boxeo dominicano, que tantas alegrías ha dado al país, se encuentra en un momento crítico. Los éxitos olímpicos recientes no deben ser una cortina de humo para ignorar las necesidades urgentes de este deporte. Es hora de actuar, de invertir en la infraestructura, de construir una villa de boxeo digna, y de asegurar que los futuros campeones tengan las condiciones necesarias para alcanzar su máximo potencial. El boxeo dominicano pide auxilio, y es nuestro deber como nación responder a ese llamado antes de que sea demasiado tarde.