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José Altuve ha sido sinónimo de excelencia en la segunda base de los Astros de Houston durante más de una década. Su agilidad, liderazgo y precisión en el infield han sido piezas clave en el éxito del equipo. Sin embargo, la temporada 2025 trae consigo un giro inesperado en su carrera: la transición al jardín izquierdo, un cambio que no solo altera su rol dentro del equipo, sino que también despierta interrogantes sobre su impacto en el juego y en su legado.
En su debut en la Liga de la Toronja como jardinero izquierdo, Altuve pasó seis entradas en una posición completamente nueva para él. Pero para sorpresa de todos, la acción nunca llegó a su zona. No recibió ni un solo elevado en el triunfo de los Astros 3-2 sobre los Cardenales, frustrando a los aficionados que esperaban verlo en acción.
“Estaban molestos porque no me llegó ningún elevado”, confesó Altuve entre risas.
Un cambio estratégico para Houston
El movimiento de Altuve al jardín izquierdo no es un simple experimento. Los Astros buscan optimizar su defensa en la segunda base y, al mismo tiempo, acomodar mejor su alineación. Con el cubano Yordan Álvarez establecido como bateador designado casi a tiempo completo, el equipo necesitaba reforzar su outfield, y Altuve se presentó como una opción viable.
El proceso de adaptación ha sido meticuloso. Durante enero y febrero, el venezolano entrenó en el Daikin Park de Houston, iniciando lo que el manager Joe Espada denominó la “fase uno” de su conversión a jardinero. Posteriormente, en la pretemporada en Florida, trabajó intensamente con el coach Jason Bell para mejorar su lectura de elevados y su desplazamiento en la zona.
El juego del viernes marcó el inicio de la “fase tres”, la prueba en un partido real. Aunque la falta de acción impidió evaluar su desempeño, Espada quedó satisfecho con su posicionamiento y movilidad.
“Apenas salió del juego, empezaron a batear todo en esa dirección”, bromeó el dirigente. “Pero se veía bien, se movía con los bateadores en ciertos conteos y parecía que pertenecía ahí”.
Un reto físico y mental para Altuve
El cambio de posición no solo implica ajustes técnicos, sino también físicos y mentales. Altuve, quien a sus 34 años sigue siendo una figura atlética, reconoció que jugar en los jardines le exige nuevas dinámicas.
“El camino desde el jardín izquierdo hasta mi turno al bate es una carrera mucho más larga”, comentó. “Tengo que estar listo con más anticipación cuando encabezo la alineación”.
La adaptación también incluye entender la coordinación con el jardinero central. Por ello, Espada decidió colocar a Jake Meyers, finalista del Guante de Oro, junto a Altuve en el outfield, para facilitar su proceso de aprendizaje en la cobertura de la zona.
Liderazgo en tiempos de cambio
Más allá de lo deportivo, el cambio de posición de Altuve refleja su compromiso con el equipo. Para un jugador de su calibre, aceptar una transformación tan significativa después de más de 1,700 juegos en la intermedia es una muestra de su liderazgo.
“Él no lidera con palabras, sino con acciones”, afirmó el dominicano Jeremy Peña, campocorto de los Astros. “Se fue al jardín izquierdo sin quejarse, llega al estadio con motivación y está dispuesto a aprender. Eso es lo que inspira al equipo”.
¿Será un cambio definitivo?
Si bien los Astros están probando esta variante en pretemporada, aún queda por ver si será una decisión permanente. Altuve ha expresado su deseo de contribuir de la mejor manera posible, pero también es consciente de que solo el tiempo y la experiencia en el terreno determinarán si su rol como jardinero izquierdo es sostenible a largo plazo.
“Quiero entrar en acción en los juegos, eso me dirá dónde estoy realmente”, concluyó el venezolano. “Solo hay que seguir trabajando y mejorar”.
Su próximo examen será el domingo contra los Nacionales. Para Altuve, ese encuentro representará otra oportunidad de demostrar que puede adaptarse y seguir siendo una pieza clave en los Astros, sin importar la posición en la que juegue.