Your browser doesn’t support HTML5 audio

Es casi incomprensible, pero hubo un momento en que Joey Votto, uno de los jugadores más destacados de las últimas dos décadas en la MLB, fue objeto de duras críticas. Y lo que resulta aún más sorprendente es que estas críticas provinieron, en muchos casos, de aquellos que deberían haber sido sus mayores defensores: los comentaristas de su propio equipo, los Cincinnati Reds. ¿La razón? No acumulaba suficientes carreras impulsadas, según las expectativas tradicionales.

Desde los primeros años de su carrera, Votto fue señalado por no ser lo suficientemente agresivo en el plato. Se decía que prefería tomar bases por bolas en lugar de buscar ese jonrón oportuno que remolcara múltiples carreras. Pero esta visión era simplista y no entendía el verdadero valor de Votto como jugador. Lo que los críticos no reconocían era su habilidad casi sobrenatural para comprender la zona de strike, una habilidad que lo llevó a liderar su liga en bases por bolas y porcentaje de embasarse casi cada temporada. Votto no estaba fallando en cumplir con su rol; estaba redefiniéndolo.

Este tipo de críticas injustas puede explicarse a través de lo que llamo la “Falacia de LeBron James”. Esta teoría sostiene que cuando un equipo no alcanza el éxito, los analistas y fanáticos tienden a culpar, de manera irracional, a su mejor jugador en lugar de a los jugadores de menor talento que también contribuyen al fracaso colectivo. Es una forma de razonamiento erróneo que ignora el contexto y coloca una carga desproporcionada sobre los hombros de quien debería ser celebrado, no vilipendiado.

Durante la mayor parte de su carrera, los Reds de Cincinnati no lograron alcanzar el éxito esperado, y Votto, como su estrella más brillante, fue a menudo señalado como el culpable. Pero la realidad es que el béisbol es un deporte de equipo, y las victorias o derrotas no pueden recaer únicamente sobre los hombros de un solo jugador. Es absurdo esperar que Votto, por muy talentoso que sea, pudiera compensar las deficiencias del equipo en su totalidad. Sin embargo, la crítica era fácil, y la narrativa de que Votto no era lo suficientemente agresivo persistió.

Es revelador que estas críticas se produjeran en una era donde los comentaristas y analistas convencionales no valoraban lo suficiente el porcentaje de embasarse y la disciplina en el plato. En lugar de reconocer que Votto estaba a la vanguardia de una nueva comprensión del juego, se le subestimó. Pero, como suele suceder, el tiempo y la evolución del análisis del béisbol finalmente reivindicaron a Votto.

Cuando Votto anunció su retiro este miércoles, el mundo del béisbol respondió con una ola de amor y elogios. Finalmente, todos reconocimos lo que Votto había estado haciendo todo el tiempo: jugar al béisbol a un nivel que pocos pueden igualar. No sólo despertamos y entendimos lo que lo hacía tan especial, sino que él también se abrió más al mundo, mostrando una faceta de su personalidad que antes había mantenido en privado.

El retiro de Votto deja un vacío en el béisbol, y aunque es casi seguro que su futuro lo llevará al Salón de la Fama, el deporte sin duda pierde una figura singular. Sin embargo, es probable que no esté lejos del juego por mucho tiempo. Con su conocimiento profundo y su carisma, no sería sorprendente verlo en las transmisiones de los partidos muy pronto. En retrospectiva, lamentamos que nos haya tomado tanto tiempo valorarlo como se merecía, pero al menos ahora, al final de su carrera, le damos el reconocimiento que siempre debió tener.

Joey Votto fue mucho más que un gran bateador; fue un revolucionario silencioso que, sin fanfarria ni alarde, cambió nuestra forma de entender el juego. Y aunque el béisbol sigue adelante, todos sabemos que será un poco menos brillante sin él en el campo.

MLB