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Robinson Canó, uno de los más talentosos segunda base en la historia reciente del béisbol, se encontró en una encrucijada en 2013. Tras una brillante carrera con los Yankees de Nueva York, Canó se vio ante la posibilidad de extender su estancia con el equipo en el que creció como jugador y con el que, sin duda, había soñado retirarse. Sin embargo, su decisión de firmar un contrato de diez años y 240 millones de dólares con los Marineros de Seattle en lugar de quedarse en Nueva York no fue tomada a la ligera, sino que estuvo guiada por consideraciones estratégicas y personales. Ahora, Canó revela los dilemas y reflexiones que acompañaron esa elección que sorprendió tanto a sus seguidores como a la franquicia de los Yankees.
Para Canó, el tema de fondo era una pregunta que muchos jugadores enfrentan en algún momento de sus carreras: ¿es mejor permanecer fiel a un equipo o aprovechar una oportunidad que puede asegurar la estabilidad a largo plazo? “¿Que pasaba por mi mente? Quedarme en Nueva York, pero fíjate, yo soy de los que digo que hay que aprovechar cuando te llega tu momento”, comentó. Esta frase encapsula no solo la mentalidad de Canó, sino también una visión más amplia de los desafíos a los que los atletas profesionales se enfrentan al tratar de equilibrar lealtad y seguridad financiera.
La importancia de un contrato a largo plazo
Para Canó, la clave en ese momento era asegurar un contrato a largo plazo que no solo le permitiría estabilidad económica, sino también un retiro tranquilo en los años finales de su carrera. “Mi meta principal al momento de firmar era conseguir mis 10 años de acuerdo”, explica. Esta fue una decisión estratégica fundamentada en su conocimiento del mercado de béisbol y la perspectiva que tenía sobre cómo quería gestionar su carrera. Firmar por cinco años, como algunos esperaban, lo habría dejado en una situación incierta en cuanto a su futuro en el juego. Según él, con un contrato más corto, “iba a estar fuera del béisbol a los 37 años”.
El dilema de Canó cobra aún más sentido cuando se considera el contexto de la era moderna del béisbol, donde los contratos multimillonarios a largo plazo no solo ofrecen seguridad financiera, sino también un seguro contra la volatilidad y las lesiones. Así, cuando Seattle le ofreció 240 millones por ocho años, la decisión se hizo más sencilla.
“Robinson Canó no dijo, ‘yo me quiero ir’. No había dinero [en Nueva York]; firmaron a Ellsbury, y cuando estás en tu momento, tienes que aprovecharlo”, expresó Canó, quien decidió apostar por el futuro que Seattle le ofrecía, con todo y la distancia emocional que suponía dejar atrás el equipo de sus primeros sueños.
Lealtad y el lado empresarial del béisbol
No se puede hablar de la decisión de Canó sin considerar el aspecto emocional. Canó había crecido en la organización de los Yankees, donde pasaron sus años de formación y en donde los fanáticos lo vieron evolucionar de prospecto a estrella. La decisión de abandonar ese entorno por una mejor oferta económica es una realidad dolorosa para muchos atletas, que enfrentan las complejidades del deporte profesional, donde la lealtad y el negocio suelen chocar.
Para el dominicano, esta no fue una decisión sin sacrificios emocionales. Expresó que le hubiera gustado concluir su carrera con los Yankees, y reflexionó sobre lo que podría haber sido: “¿Quién sabe si me hubiera quedado, se hubiera ganado un par de Series Mundiales más?” Sin embargo, Canó también es consciente de que el béisbol, al final del día, es un negocio, y los equipos pueden no retribuir la misma lealtad que un jugador siente por la franquicia. “Al final te vas a un equipo por menos dinero ya los dos o tres años te cambian, entonces ahí es que tú dices esto no valió la pena”, compartió con franqueza.
Esta realidad ha llevado a muchos jugadores a optar por decisiones que garantizan su futuro, incluso si eso significa alejarse del equipo que aman. Canó es un claro ejemplo de cómo los atletas deben equilibrar la pasión por el juego y la devoción por un equipo con las duras realidades financieras de una carrera que puede terminar de manera imprevista en cualquier momento.
Reflexiones y un legado en debate
A la luz de sus declaraciones, la elección de Canó de dejar los Yankees refleja una madurez y una visión pragmática de la carrera de un atleta. Sus palabras abren un debate sobre la relación de los jugadores con sus equipos y el papel de la lealtad en un deporte donde, a menudo, los intereses económicos pesan más. Su salida de los Yankees no fue solo el final de una etapa, sino también el inicio de un capítulo en el que las decisiones estratégicas y la planificación financiera tomaron el centro de la escena.
Canó, como muchos otros jugadores, ha tenido que hacer sacrificios en nombre de la seguridad económica, y su caso plantea una pregunta importante: ¿hasta qué punto es justo esperar lealtad de un jugador cuando las organizaciones también toman decisiones empresariales sin miramientos?
Mientras tanto, el dominicano se ha mantenido fiel a su convicción de que tomó la mejor decisión para él y para su carrera. Aunque su legado en Nueva York puede estar en debate, lo que no se puede cuestionar es su determinación para hacer lo que él considera necesario en beneficio de su futuro. A pesar de las críticas, Canó sigue siendo un recordatorio de que, en el béisbol, como en la vida, cada quien debe hacer lo mejor que pueda con las cartas que le tocan.