Cuando todo parecía definido, el juego cambió de lógica: lo que era dominio absoluto de Houston terminó transformándose en una caída difícil de explicar. Los Minnesota Timberwolves vencieron 110-108 a los Houston Rockets en un partido que quedará en la memoria por su desenlace inédito, con una remontada sin precedentes en tiempo suplementario.
El encuentro ya venía cargado de tensión, pero el verdadero impacto llegó en la prórroga. Allí, Houston tomó una ventaja de 13 puntos y parecía tener el triunfo asegurado. Sin embargo, lo que siguió fue un giro abrupto: Minnesota respondió con un parcial de 15-0 que revirtió completamente el resultado.
El equipo local encontró respuestas colectivas en el momento más crítico. Mike Conley, Kyle Anderson y Donte DiVincenzo aportaron jugadas clave para iniciar la remontada, mientras que Julius Randle terminó de sellarla con el lanzamiento decisivo a falta de pocos segundos.
En contraste, los Rockets pasaron de controlar el partido a desmoronarse en cuestión de minutos. A pesar de los 30 puntos de Kevin Durant y Alperen Sengun, el equipo texano no logró sostener la ventaja ni gestionar la presión del cierre.
El dato que dimensiona lo ocurrido es contundente: nunca antes se había registrado una remontada de ese calibre en una prórroga desde que existen registros modernos en la NBA.
Así, Minnesota no solo se quedó con un triunfo clave pensando en la postemporada, sino que además protagonizó una de esas noches que redefinen la lógica del juego: en la NBA, ni siquiera el tiempo extra garantiza nada.
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