El presente de Jayson Tatum en los Boston Celtics genera atención dentro de la NBA, no solo por su regreso a las canchas, sino también por las dificultades que atraviesa para recuperar su nivel habitual, especialmente en su tiro en suspensión.
Tras la grave lesión en el tendón de Aquiles sufrida en 2025, el alero volvió a la competencia en 2026 con una carga física controlada y un rendimiento que combina momentos positivos con otros de menor eficacia.
Uno de los aspectos más evidentes de este proceso es la irregularidad en su lanzamiento, un recurso clave en su juego ofensivo. En distintos partidos recientes, Tatum mostró bajos porcentajes de acierto, lo que refleja el impacto que aún tiene la recuperación tanto en lo físico como en lo técnico.
Más allá de estas dificultades, su aporte al equipo sigue siendo significativo. Incluso sin su mejor versión anotadora, continúa contribuyendo en rebotes, defensa y generación de juego, consolidándose como una pieza central en el esquema de Boston.
Desde el entorno de los Celtics mantienen una postura cauta, priorizando la evolución progresiva del jugador y evitando acelerar los tiempos. La expectativa está puesta en que, con el correr de los partidos, Tatum logre recuperar su confianza y precisión, aspectos fundamentales para que el equipo mantenga sus aspiraciones en la temporada.
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